Redacción Sie7eDíasNoticias
LAS CHOAPAS, Ver. — Un informe de la organización CartoCrítica, difundido el 21 de julio, documentó que 3,431 personas en 29 localidades del municipio de Las Choapas viven dentro de un radio de 10 kilómetros del pozo Krem-1, que arde sin control desde el 5 de marzo. El documento, elaborado con imágenes satelitales y datos del Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, muestra que se trata de una población con carencias estructurales previas a la contingencia, lo que agrava su capacidad para documentar o atender las afectaciones que reportan.
Dentro de un radio de 5 kilómetros del pozo viven unas 1,000 personas en cinco localidades. En el conjunto de las 29 localidades, 320 personas habitan en hogares indígenas.
Una población joven, con carencias previas
El perfil sociodemográfico que reconstruye el informe, con base en el censo de 2020, muestra una población equilibrada entre hombres y mujeres —1,768 hombres y 1,663 mujeres— y mayoritariamente joven: 1,223 personas, poco más de un tercio del total, tienen menos de 15 años. Entre ellas, 501 son niñas y niños de primera infancia, de cero a cinco años. Otras 332 personas tienen 60 años o más.
CartoCrítica señala que esta composición es relevante frente a la exposición al humo, ya que la primera infancia y la vejez son los grupos con mayor vulnerabilidad respiratoria reconocida.
El informe documenta además carencias de acceso a servicios básicos: 910 personas, una de cada cuatro, no cuentan con afiliación a servicios de salud. Más de la mitad de las viviendas, el 54%, no tiene agua entubada dentro del hogar y depende de fuentes externas. El grado promedio de escolaridad es de 5.5 años, equivalente a primaria incompleta, y 349 personas mayores de 15 años no saben leer ni escribir.

Lo que reportan los habitantes
Habitantes de comunidades cercanas al pozo han descrito en testimonios públicos, recogidos en video por el periodista Maxi Goldschmidt, afectaciones que no pueden confirmarse desde el espacio pero que, según CartoCrítica, corresponden con lo que sí documenta la evidencia satelital: un penacho de humo sostenido durante más de cuatro meses sobre la zona.
Damaris Torres, habitante de Las Cruces, a 4.6 kilómetros del pozo, describe el agua del río como caliente, grasosa y con olor a petróleo, y afirma que provoca picazón; dice que arroyos antes fríos ahora están tibios y que el humo llega hasta el río y causa ahogo.
María Alegría Palma, de Ignacio López Rayón, a 4.5 kilómetros, describe el paisaje como “tierra pelada” y reporta pérdida de cultivos de mango, aguacate, plátano y chile, así como vacas que malparieron y ganado con el lomo dañado tras el contacto con una sustancia que describe como “sal”.
Ulises González, de Constitución Mexicana, a 4.3 kilómetros, reporta la muerte de 27 animales y el desplazamiento de alrededor de 200 cabezas de ganado por la pérdida del pasto; describe su rancho como “desértico”.

Reina Torres, también de Ignacio López Rayón, reporta un aumento de enfermedades y la muerte de aves y borregos en su comunidad. La habitante relató, además, que su esposo, quien ya padecía una enfermedad, empeoró y falleció, situación que ella atribuye a la contingencia del pozo.
Edgar González, quien vive frente al predio del pozo, afirma que “todo cambió bastante” desde la explosión de marzo y reporta la muerte de buena parte de la flora y fauna de la zona.
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CartoCrítica precisa en su informe que la evidencia satelital no permite establecer causalidad entre el incendio y las afectaciones a la salud que reportan los habitantes, ni calcular dosis de exposición al humo; tampoco mide directamente la calidad del agua de los ríos y arroyos que los testimonios describen alterada.
Qué pide el informe
El documento concluye que la magnitud de la exposición —una población de más de 3,400 personas, con cientos de niñas y niños de primera infancia y una de cada cuatro personas sin acceso a servicios de salud— hace exigible el despliegue de monitoreo de calidad del aire en las comunidades, el muestreo independiente del agua superficial y la documentación clínica de las afectaciones respiratorias que ya reportan los propios habitantes.
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