David Kershenobich y funcionarios de Salud durante recorrido en hospital de Xalapa.

Llegó Kershenobich a Xalapa. El ‘ayuda muchísimo’ de Nahle, fuera de la foto

El lunes, Rocío Nahle salió a defender a Roberto Ramos Alor. Dijo que la frase con la médica residente —”si no quiere operar, pues no opere”— estuvo “desafortunada”. Y en la misma respiración dijo que Ramos Alor “nos ha ayudado muchísimo en Veracruz, muchísimo”.

Ya apresurada, también le bajó el pulgar a la marcha de médicos, enfermeras y residentes que el domingo –un día antes– había salido a la calle a gritar “¡Fuera Ramos Alor!”. Dijo que la habían “contaminado” grupos sin ideología ni proyecto de nación. No dio nombres. Dijo tener una foto. No la mostró.

Martes. Un día. Eso le duró el respaldo.

El secretario federal de Salud, David Kershenobich, tuvo que aterrizar en Xalapa. No por trámite, no por protocolo. Vino a verificar acciones para contener un brote de sarampión que ya suma 16 casos confirmados y dos muertos, uno de ellos una niña de 10 años que estaba en tratamiento contra el cáncer.

Se reunió con la secretaria de Salud estatal, Mariela Hernández García, con representantes del IMSS-Bienestar y con el director del Centro Estatal de Cancerología. Caminaron juntos por el pasillo del hospital. Se tomaron la foto.

En esa foto no está Ramos Alor.

El mismo funcionario al que Nahle acababa de decir que “nos ha ayudado muchísimo”. El mismo que coordina el IMSS-Bienestar en el estado donde, apenas 24 horas después del respaldo, un secretario federal tuvo que presentarse en persona porque el sistema de salud que Ramos Alor coordina ya tenía dos muertos por un brote que se contagió, mayoritariamente, entre su propio personal médico.

Doce de los dieciséis casos confirmados son personal de salud. No pacientes de la calle. Personal que trabaja dentro del sistema que Ramos Alor –y Mariela Hernández– dice la mandataria que funciona “muchísimo”.

Nahle tuvo la oportunidad de exigir resultados en vez de lealtad. Eligió lealtad. Y el resultado llegó de todos modos: llegó en forma de secretario federal parado en un hospital de Xalapa, verificando lo que el gobierno estatal no pudo o no quiso contener a tiempo.

Los médicos que marcharon el domingo no pedían un capricho. Pedían insumos, especialistas, transparencia sobre el destino de los recursos. Pedían que alguien se hiciera responsable antes de que pasara algo grave. Nahle respondió llamándolos contaminados. Veinticuatro horas después, “algo grave” ya tenía nombre y apellido: sarampión, dos muertos, una niña de diez años.

Ramos Alor no estuvo en la foto de la respuesta. Pero tampoco hizo falta que estuviera para que quedara claro de qué lado estuvo el respaldo de la gobernadora: del lado de la lealtad política, no del lado de la gente que ya le había avisado que esto iba a pasar.

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