Persona revisa reporte de Buró de Crédito tras detectar un posible fraude por robo de identidad y créditos no reconocidos.

Fraude por robo de identidad: la deuda que nunca pediste

Teresa Carbajal

No acaba aún el mes en que tuvimos el foro público de fraudes, en donde se analizó la gran tarea que nos falta por hacer para prevenir los engaños y, desde luego, escudriñar las tareas pendientes a la hora de construir una agenda jurídica, social y urgente que nos permita aliarnos, a la sociedad, las empresas y las autoridades, para tomar la ruta correcta de camino a estar protegidos de los fraudes. Entre ellos, un problema que cada vez aparece con mayor frecuencia: el fraude por robo de identidad.

Cuando llega a la oficina del Barzón, en sala de asesoría, una persona que presenta una nueva modalidad de fraude. Resulta que a “Ramón”, nombre usado para proteger su verdadera identidad, le llegó a su domicilio un documento de cobranza dirigido a él por un despacho.

Un despacho de cobranza, de esos a los que se les asigna la recuperación de cuentas. El documento, palabras más, palabras menos, decía que se le invitaba a comunicarse a la brevedad con ellos para resolver la problemática de atraso en el pago de un crédito automotriz.

Ese despacho, a su vez, se presentaba como representante de una empresa Sociedad Anónima de Capital Variable (S.A. de C.V.), bastante reconocida y acreditada a nivel nacional por ser una departamental de venta de muebles, ropa, electrónica, hogar y demás, a crédito.

En lo personal, yo desconocía, o por lo menos no sabía, que la departamental diera crédito automotriz; debido a ello es que, de principio, me sorprendió ver que el requerimiento era por ese producto.

Las señales de un crédito fraudulento

Lo segundo que nos llamó la atención fue que la cuenta a la que se pedía depositar el pago era de un banco diverso al vinculado con la departamental.

Y adjunto al requerimiento de pago venía la copia de la factura del vehículo financiado, el cual no era un vehículo sencillo, sino uno cuyo valor rondaba casi el millón de pesos.

Los requerimientos de pago no suelen adjuntar datos tan sensibles como copias de facturas o de contratos, pues únicamente se limitan a requerir el pago; describir la cuenta a la que se debe pagar y, desde luego, precisar el crédito que se cobra.

Por lo que resultaba sospechoso que el despacho de cobranza sí lo hubiera hecho, y parecía más bien un acto intimidatorio al observar los datos que la misma contenía.

La factura venía a nombre del deudor requerido, o sea, de “Ramón”, pero sin sus datos fiscales, y en el apartado de forma de pago, en el comprobante fiscal, rezaba la leyenda: ‘por definir’.

Lo cual era bastante sospechoso que, en una factura de un bien que fue pagado mediante crédito, y por esa suma, no se hubiere hecho mediante transferencia bancaria, pues las distintas normas de antilavado de dinero así lo exigen.

Un dato más: el vehículo había sido facturado en Tabasco. A pesar de todas las extrañezas del caso, la factura existía y ese vehículo andaba circulando; así lo arrojó la búsqueda rápida realizada ese día.

Para quienes buscan cómo detectar un crédito fraudulento, estos indicios suelen ser señales de alerta que no deben ignorarse.

Cuando la deuda aparece sin haberla solicitado

Y lo peor de todo, Ramón no solicitó ese crédito, y menos tenía en su poder el vehículo; pero sí tenía la deuda. Para terminar de documentar el caso, Ramón imprimió su reporte de Buró de Crédito; ahí aparecía reportado no solo ese crédito no reconocido, sino quince créditos más a nombre de otras financieras, por diversas cantidades.

El reporte de Buró arrojó domicilios en el norte del estado de Veracruz, como si Ramón los hubiera señalado, y más de 20 búsquedas o consultas de diversos otorgantes de crédito en el curso de dos meses atrás, lapso en el cual fueron contratados los créditos mencionados.

Estamos hablando de un caso de suplantación de identidad para solicitar créditos, una práctica que deja a las víctimas enfrentando problemas que nunca generaron.

¡¿Pero cómo pudo suceder eso?! Si Ramón no tiene ni auto, ni interés en adquirirlo; tampoco tiene más de una sola tarjeta de crédito, que es la que puede pagar. No acostumbra pedir créditos y vive de su pensión sin exceder su capacidad de pago.

Cuida sus datos como a sus ojos, y no envía por WhatsApp ni la foto de su perro, menos sus credenciales ni datos personales; es precavido con sus redes sociales y nunca jamás en la vida imaginó estar en tremendo problema de un crédito que no pidió, y ahora tendrá que luchar para aclarar ante quien sea que no fue él quien lo solicitó.

Pero, de mientras y de a “gratis”, ya tiene una deuda elevada y mucho que pensar para decidirse a tomar el camino adecuado en sus peculiares circunstancias.

Qué hacer ante una suplantación de identidad

Por si no lo sabes, puedes activar en las sociedades de información crediticia el servicio de alertas de Buró de Crédito para conocer en tiempo real cuándo alguien pretenda pedir un crédito a tu nombre y actuar a tiempo.

Y si ya estás en un caso como el de Ramón, recuerda que no es una deuda común, es un fraude y debe procederse como tal, legalmente; una de las principales recomendaciones sería evitar ostentarse como titular del crédito, pues no es así, y desde un inicio hay que aclararlo.

Si te preguntas qué hacer si aparece una deuda que no es tuya, el primer paso es no asumir la deuda como propia y comenzar de inmediato el proceso de aclaración y denuncia correspondiente. Lo mismo ocurre cuando existen créditos no reconocidos en Buró de Crédito, pues cada actuación temprana puede marcar una diferencia importante.

La situación ya se ha vuelto un verdadero terror para cualquiera, y hoy más que nunca hay que estar informados de todo lo que va sucediendo.

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