Por Fanny Yépez
En el primer trimestre de 2026, la pobreza laboral en Veracruz se ubicó en 44.4%, lo que significa que casi la mitad de la población del estado vive en hogares con ingresos laborales insuficientes para adquirir la canasta alimentaria básica.
Esta cifra muestra una ligera reducción anual respecto al 45.7% registrado en el mismo periodo de 2025, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Pobreza laboral en Veracruz: cifras nacionales y comparativa regional
Después de Chiapas se ubicaron Oaxaca (52.7%), Guerrero (47.7%) y Veracruz (44.4%), estados que mantienen niveles de pobreza laboral significativamente superiores al promedio nacional.
A nivel nacional, la pobreza laboral afectó a 30.7% de la población ocupada, lo que significa que cerca de tres de cada diez trabajadores no generaron ingresos suficientes para cubrir el costo de una canasta básica (incluyendo alimentos, vivienda, servicios básicos, educación, salud o transporte).
La pobreza laboral continúa mostrando importantes diferencias regionales en México. Durante el primer trimestre de 2026, Chiapas encabezó la lista de entidades con mayor proporción de población ocupada, cuyo ingreso laboral es insuficiente para adquirir la canasta alimentaria, con una tasa de 60.8%.
Qué es la pobreza laboral y cómo golpea a las familias veracruzanas
La pobreza laboral es la condición en la que una persona o un hogar no puede comprar la canasta alimentaria básica, con el dinero que gana por su trabajo. Ocurre cuando los sueldos y salarios son muy bajos para cubrir los alimentos esenciales de todos los miembros de la familia, incluso si la persona cuenta con un empleo formal o informal.
Esto genera un círculo vicioso de carencias, debilita la salud y la educación de las familias, frena el crecimiento de la economía y aumenta la informalidad y la desigualdad social en el país. También podría ser un factor para incrementar la delincuencia.
Tiene impactos en la sociedad y en las familias la mala alimentación. Los jóvenes dejan la escuela temprano para trabajar y ayudar en la casa. Otro factor que se refleja por la pobreza laboral es una salud débil, no hay dinero suficiente para medicinas, doctor o servicios de salud privados cuando se necesitan.
También se registra una vivienda precaria, las personas viven en casas sin servicios básicos como agua o luz segura.
La falta de recursos impide mejorar las capacidades de las personas, lo que frena mejores empleos en el futuro. Más informalidad, obliga a la gente a aceptar trabajos sin contratos, seguro médico ni prestaciones de ley.
Empleo formal e informalidad: los datos del IMSS y el INEGI
El ingreso laboral real per cápita es 2,523.40 pesos mensuales por persona en el estado. La informalidad laboral afecta al 68.9% de la población ocupada en la entidad, una de las tasas más altas a nivel nacional.
También la entidad veracruzana registró la pérdida de 5,039 empleos formales solo en la primera mitad del año 2026 según el IMSS, ubicándose entre los estados con saldo negativo.
En un periodo anual más amplio, reportes del INEGI señalan una caída superior a los 72,000 puestos y una alta tasa de informalidad laboral que roza el 69% en el estado.
Cifras recopiladas por plataformas de análisis como México Evalúa, muestran que el estado acumula números rojos y se sitúa entre las entidades con peor desempeño en plazas afiliadas al seguro social.
El impacto en el consumo y la economía local
Casi 69 de cada 100 personas ocupadas laboran sin prestaciones de ley o sin un contrato reconocido. La falta de empleos bien remunerados limita el gasto familiar en sectores clave como comercio local y restaurantes.
La información aquí expresada no es una exageración, sino una realidad que se vive diariamente, respaldada por las estadísticas que reportan las dependencias de gobierno.

La Columna, escrita por Fanny Yépez Luna, es un espacio de opinión con mirada aguda y conciencia social. Desde un enfoque directo y ético, desmenuza la agenda pública con atención especial a la desigualdad, el abuso de poder y las fracturas institucionales. Su voz es firme, crítica y comprometida con los derechos humanos, siempre del lado de quienes suelen ser ignorados en el discurso oficial.

