Teresa Carbajal
Después de la inflación, del aumento de precios a los básicos, ahora hasta de la subida inminente del costo del kilo de tortilla, ¿qué sigue?, las deudas, la moratoria y la cartera vencida.
Derivado de ello, y frente a la decisión que deberán tomar muchas familias en nuestro país respecto a qué hacer, si ¿comer o pagar?, y a que optaremos indudablemente por lo primero, necesitamos saber con urgencia, ¿qué hacer?, ¿cómo se debe negociar una deuda?, para lograr un acuerdo justo de pago y no quedar untado en el intento.
A ver, primero, y antes que nada, es necesario reconocer nuestras capacidades de pago, para saber si aún podemos pagar o ya no. De seguir arriba del ring, es importante tener hecha una cuenta que confronte los ingresos con los egresos.
Nada de evaluar la capacidad de pago en función de lo que siento, o de lo que creo, o de algún ingreso futuro, venta incierta o de si esta vez sí le pegas al gordo en la lotería.
Decirnos la verdad, a uno mismo; ¡uy, qué difícil!, de hecho, lo más difícil, porque siempre está el mecanismo de defensa aquel que nos impide reconocer y ver con claridad cuál es nuestra situación real.
Y que nos dice que hay que mantener el esfuerzo por seguir pagando para no quedar mal, lo que al final resulta insostenible y, de todos modos, tenemos que dejar de pagar, pero después de haber abonado intereses que no le hicieron ni “cosquillas” a la deuda y que bien hubieran servido para un buen enganche de convenio o propuesta de pago con quita.
Otro comentario previo es pedirte que te sientes por un momento, sin nada más en la mente, y que pienses que tú no eres el responsable de la situación económica que prevalece en el país y que tampoco eres el único que se siente caído y superado en sus fuerzas y respuesta económica.
Esto último porque ese sentimiento de culpa, de vergüenza y de dolor ante lo que ya es una bola de nieve es parte del problema para recuperarnos en lo económico, partiendo de lo anímico.
Es real, quien siente que no puede, no podrá. Quien, cuando está caído, piensa que está vencido, lo está; y no habrá fuerza externa que lo pueda ayudar.
Sin embargo, cuando aceptamos la realidad tal cual es, sin deteriorar nuestra dignidad y nuestra confianza, prevalece la fe y salimos adelante, hasta del más profundo abismo. Lo sé.
Dicho lo anterior, y si estás decidido a resolver tu situación de pagos impagables, te invito a que busques antes que nada tus contratos, para lograr identificar cuántos tipos de créditos tienes.
Posteriormente, haz una lista de todas las deudas y compromisos de pago que tienes por quincena o por mes, ya sea por cuantía o por fecha de vencimiento.
Es importante también saber cuánto te prestaron y desde cuándo, para tener información relativa a cuánto has pagado. Sería muy importante que tengas un estado de cuenta a la mano, para visualizar todos los pagos que has hecho y cómo se han ido abonando, cuánto se ha ido a capital y cuánto a intereses.
Una vez clarificado ese escenario, sería bueno saber cuánto debes de capital en cada una de las deudas. Cuál crédito sigues usando y cuál ya has dejado de usar. Toma lápiz y papel y haz una lista, para que puedas ver gráficamente de cuánto estamos hablando.
Anota también ahí las fechas de vencimiento, cuándo sales de cada una de esas deudas; y otro punto importante es a cuál de ellas le sigues pidiendo prestado para cerrar el mes de gastos, o con cuál has hecho refinanciamientos de otros créditos.
Acto seguido, priorizar el orden de los pagos: cuál línea de crédito te resulta muy conveniente conservar y de cuál puedes darte un respiro para aspirar a un buen convenio con quita.
No levantes el teléfono para negociar si tienes miedo de lo que pueda pasar; la verdad legal sobre las consecuencias de un impago radica en los contratos y, desde luego, en las leyes, pero siempre es muy conveniente conocer el clausulado de los contratos, pues existen algunas cuentas de banco, en la modalidad de tarjetas de crédito, que por ejemplo contemplan el “plan de pagos fijos” y en los mismos contratos te dicen la forma en que estos se solicitan.
Habrá otros que no te den opciones y tengas que recurrir a otras estrategias legales. No caigas en las reestructuras de pago, porque no son para nada la solución que esperas; solo le pondrás más carga de intereses y un nuevo plazo.
Decide con responsabilidad, pero sobre todo con conocimiento de tus derechos. Y si tienes dudas o deudas, date una vuelta por el Barzón.
Visite www.elbarzonrc.org. Contacte: elbarzonrc@yahoo.com.mx, o sígame en @terecarbajal.

La columna de opinión “DEBO, NO NIEGO; PAGO, LO JUSTO” de Teresa Carbajal aborda sistemáticamente temas de economía familiar y financiera con énfasis en los retos del consumidor común de Veracruz. Propone una vigilancia crítica sobre cómo el sistema financiero, las emergencias socioeconómicas y las políticas públicas afectan la economía doméstica, y plantea la necesidad de acciones que respondan a esas vulnerabilidades.

