Teresa Carbajal
No hay nada peor en una relación de pareja que aceptar ser socio de una persona que no comparte contigo el mismo sentido de responsabilidad y compromiso por llevar una vida digna.
Suelo dedicar el espacio del catorce de febrero para advertir a todos aquellos que, en nombre del amor, la amistad o ambos, han entregado su confianza y su firma para garantizar el cumplimiento de pago de un tercero, seguros de la reciprocidad y por motivos que solo el corazón y los sentimientos justifican.
Es altamente común y frecuente que, al verse en un apuro económico o necesidad, se recurra al mejor amigo o a la pareja en turno para pedirle que dé su palabra, su firma o sus bienes para garantizar el cumplimiento de una obligación, a modo de “requisito”.
Decir que no se convierte en una verdadera prueba de fuego que indudablemente destruirá el cariño, la confianza y, no se diga, el afecto de quien recibe la negativa.
Pues ese amigo o amor incondicional nos ha jurado en el pasado que llegará hasta donde le den sus fuerzas por ayudarnos; y, para colmo, el dicho aquel de que a los “verdaderos amigos” se les conoce en la cárcel o en los hospitales.
Y recurro al punto de la advertencia, porque un aval, un coobligado o un obligado solidario debe tener conocimiento de las consecuencias de índole patrimonial o económico que tendrá que resolver y afrontar en caso de un eventual incumplimiento.
Y es que no es solo la mala fe lo que provoca que sea el aval el que tenga que hacerse responsable de un pago no hecho. A veces lo es una mala jugada del destino, el azar o las trágicas vueltas de la vida.
Como sea, quien acepta ser aval o fiador debe incluso tomar conocimiento de cómo actuar en todo momento durante el tiempo que dure su firma empeñada.
Son variados los supuestos: de la novia (sí, es más común que le pase a las mujeres) a la que no le pidieron matrimonio; pero sí sacar una tarjeta o un préstamo que el novio usó a como quiso, y que al final se terminó la relación; pero el motivo por el que se seguirán viendo es para recaudarle la mensualidad o el abono del pago con el que la dejó empeñada.
U otro, que ante la falta de pago espontáneo la novia debe hacer la —nada fácil— labor de cobranza para no tener que poner de su bolsa y sacar adelante los 60 meses que sigan al plazo.
La pérdida de la relación laboral, una enfermedad o una tragedia que arrebate la vida puede sustituir a la voluntad de quien nunca quiso incumplir, pero ahora no tenga las posibilidades de hacerlo.
Otro caso, el del cliente accidental (por ser fiador) en la tienda de los pagos chiquitos, a quien le pidieron la firma una vez y, después de liquidar, el obligado principal agarró carrera y ahora pidió y pidió créditos que ya no puede pagar.
Y que cuando le salen con la cuenta al aval, este la desconoce, pues lo que avaló fue, en principio, muy mínimo, y no todo lo que ahora hay que pagarle a la moto que visita a diario la vivienda.
Justo este fin de semana reflexionaba con amigos sobre la dicha tan grande de encontrar el amor y ser correspondido por persona afín a nuestras convicciones y sentido de la vida. Esa sí es una verdadera lotería. Y, de hecho, sacarse la lotería no es algo que les pase a todos los que compran el boletito.
Derivado de ello, no es solo el diálogo previo a la toma de un compromiso más formal al que se transita después del noviazgo lo que garantiza un óptimo resultado, pues quien pretende obtener algo (no siendo honesto) logrará engañar en un principio al que actúa de buena fe.
Pues pueden hacerse muchos planes y acordar sobre diversos compromisos, con la cordialidad y gentileza que caracteriza a esa fase de nuestras vidas. Pero ahora sí, como dicen, a la hora de los “trancazos” no siempre se respetarán esos acuerdos.
¿Entonces qué vale? Observar y ser honestos con nosotros mismos: una persona que no comparte el mismo sentido de responsabilidad y compromiso por la vida, o que carece de aspiraciones y proyecto de familia, jamás va a cambiar para hacerse responsable; así que hay que dejar un poco de lado las promesas y basarse en los hechos. ¡Que viva el amor!
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La columna de opinión “DEBO, NO NIEGO; PAGO, LO JUSTO” de Teresa Carbajal aborda sistemáticamente temas de economía familiar y financiera con énfasis en los retos del consumidor común de Veracruz. Propone una vigilancia crítica sobre cómo el sistema financiero, las emergencias socioeconómicas y las políticas públicas afectan la economía doméstica, y plantea la necesidad de acciones que respondan a esas vulnerabilidades.

