Por Fanny Yépez
La religión es una de las herramientas de persuasión más poderosas de la historia. El uso político de la religión, al apelar a lo emocional, lo trascendente y el sentido de identidad, conecta profundamente con las personas.
Sin embargo, su eficacia varía dependiendo de si se busca un propósito moral, un control social o un debate racional.
A lo largo de los siglos, diversos liderazgos han recurrido a este mecanismo por su capacidad para unificar comunidades y crear un sentido de pertenencia basado en valores, rituales y creencias compartidas.
Apelar a la emoción conecta con las necesidades humanas más profundas, como el consuelo ante la mortalidad, el miedo a lo desconocido y la búsqueda de esperanza.
La afirmación de que “la religión es la mejor herramienta persuasiva” se basa en cómo ambas comparten estructuras psicológicas de control de masas, la apelación a la emoción, la fe ciega y la necesidad de pertenencia. La religión como herramienta de persuasión ha sido estudiada precisamente por esa capacidad de movilizar conductas colectivas.
El ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, entendió que para manipular a las masas no bastaba con la lógica; se requería una devoción casi sagrada hacia el líder y la ideología.
Basta recordar que varios políticos han utilizado figuras religiosas para persuadir a los electores.
Cuando los políticos recurren a los símbolos religiosos
El uso del estandarte de la Virgen de Guadalupe por parte de Vicente Fox ocurrió durante la campaña presidencial del año 2000.
Al adoptar este símbolo, Fox evocó directamente al cura Miguel Hidalgo y buscó apelar a la identidad y fe del pueblo mexicano, lo que generó un intenso debate político y religioso.
Los puntos clave de esta controversia incluyeron, en el símbolo de campaña, durante sus mítines proselitistas, Fox enarboló el estandarte guadalupano para transmitir la idea de una “cruzada” ciudadana por el cambio, emulando la figura del Padre de la Patria en la Guerra de Independencia. El caso de la Virgen de Guadalupe en campañas políticas continúa siendo una referencia obligada cuando se analiza la relación entre religión y poder.
De Fox a Trump: la fe como estrategia política
Pero también el expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, durante su mandato, utilizó frecuentemente referencias a figuras como Jesucristo, San Francisco de Asís y el Papa Francisco para promover su proyecto político, equiparando sus ideales de ayuda a los pobres con preceptos morales religiosos.
Donald Trump (Estados Unidos): en múltiples ocasiones, el presidente estadounidense ha apelado a las bases conservadoras cristianas (evangélicas), utilizando símbolos religiosos para consolidar su apoyo político, llegando a posar con una Biblia frente a una iglesia durante las protestas de 2020.
George W. Bush (Estados Unidos): durante su presidencia, y particularmente después de los ataques del 11 de septiembre, utilizó un lenguaje con fuertes tintes providenciales y religiosos para justificar sus políticas exteriores, apelando a nociones de una misión divina.
Viktor Orbán (Hungría): el primer ministro húngaro ha basado gran parte de su plataforma política en la defensa de la “Europa cristiana”, utilizando la retórica religiosa para promover políticas nacionalistas y antiinmigración.
Recep Tayyip Erdoğan (Turquía): el presidente turco ha utilizado frecuentemente el Islam y símbolos de la herencia otomana para consolidar su base de votantes y transformar la identidad secular de la república turca.
Bolsonaro (Brasil): el expresidente brasileño utilizó el lema “Brasil acima de tudo, Deus acima de todos” y mantuvo una estrecha alianza con líderes de iglesias neopentecostales para persuadir a millones de votantes conservadores.
Todos estos casos muestran cómo los políticos y símbolos religiosos suelen converger en momentos de alta competencia electoral o de consolidación del poder.
Javier Herrera Borunda y la utilización de símbolos religiosos
Y en fecha reciente, el diputado federal del Partido Verde, Javier Herrera Borunda, participó activamente en las festividades religiosas de Alvarado, Veracruz, el sábado 30 de mayo de 2026; ahí, el legislador asistió como invitado especial al histórico hermanamiento y recorrido fluvial sobre el río Papaloapan de la Virgen del Rosario (patrona de Alvarado) y la Virgen de la Candelaria (patrona de Tlacotalpan).
Durante esta celebración de fe y tradición de la región del Sotavento, el político del Partido Verde acompañó a las autoridades locales y a los feligreses católicos en los actos de veneración, traslado y recorrido en lancha de las imágenes religiosas de ambas comunidades.
Por lo que se puede deducir que Javier Herrera va a seguir uno de los 11 principios persuasivos de Joseph Goebbels, quien fuera jefe de prensa nazi. Las críticas hacia Javier Herrera Borunda y la Virgen se han centrado precisamente en la conveniencia política de aparecer en este tipo de actos públicos vinculados con la fe.
El riesgo de lucrar políticamente con la fe
Es criticable, desde cualquier punto de vista, que los políticos lucren políticamente con las figuras religiosas. El lucro político con figuras, símbolos y discursos religiosos es una práctica polémica que utiliza la fe pública para conseguir popularidad, votos o influencia. Esto suele ocurrir mediante el uso de símbolos religiosos en campañas, alianzas con líderes de culto o la apelación a dogmas para polarizar a los votantes.
La historia demuestra que la manipulación de masas y religión han sido elementos recurrentes en distintos sistemas políticos, independientemente de la ideología que los impulse. Cuando la fe deja de ser una convicción personal para convertirse en herramienta electoral, el debate público corre el riesgo de desplazarse de las ideas hacia las emociones más profundas de la sociedad.

La Columna, escrita por Fanny Yépez Luna, es un espacio de opinión con mirada aguda y conciencia social. Desde un enfoque directo y ético, desmenuza la agenda pública con atención especial a la desigualdad, el abuso de poder y las fracturas institucionales. Su voz es firme, crítica y comprometida con los derechos humanos, siempre del lado de quienes suelen ser ignorados en el discurso oficial.

