Hay quienes llegaron a Morena Veracruz por convicción. Pero Eduardo Vega Yunes —“Tato” para los amigos y “Yunes” para quienes todavía recuerdan las fotos de hace algunos años— llegó porque el partido se volvió el único lugar donde todavía se reparten promesas de futuro.
El fin de semana apareció en el Consejo de Morena en Xalapa. Apareció y se dejó ver, que no es exactamente lo mismo. Aunque dentro del morenismo xalapeño todavía hay quienes lo miran como invitado incómodo, él insiste en que ya trae el visto bueno suficiente para buscar una candidatura en 2027.
La cosa es que en Xalapa ya empezó a sentirse algo parecido a una precampaña silenciosa. Una de esas que oficialmente no existen, pero casualmente acomodan funcionarios en eventos, aniversarios vecinales y actos públicos donde siempre aparece el mismo personaje saludando desde la primera fila.
También el fin de semana, la alcaldesa Daniela Griego lo llevó al evento por el aniversario de Xalapa 2000. Nada extraordinario, salvo por el pequeño detalle de que Eduardo Vega despacha en SEDECOP como subsecretario y no precisamente en el área de festividades patronales.
Eso sí: en algunos pasillos ya comentan que a Tato Vega se le ve más en Vinissimo de Araucarias que en la propia dependencia estatal. Y Vinissimo no es cualquier sitio. Ahí el propietario es Francisco Valencia, exdirector de la CAEV en tiempos del duartismo, encarcelado durante el yunismo por acusaciones de peculado y tráfico de influencias, y además suegro del subsecretario. Veracruz es tan pequeño que a veces las transiciones políticas terminan pareciendo reuniones familiares.
Pero quizá lo más interesante no es el restaurante ni la candidatura adelantada. Lo verdaderamente revelador son las compañías. Porque uno de los personajes con los que más se le relacionó durante años fue Silem García Peña, exregidor xalapeño y exvocero de Naasón Joaquín García, líder de La Luz del Mundo.
Hoy Silem aparece señalado en el superseding indictment del Distrito Sur de Nueva York como prófugo de la justicia estadounidense. El documento lo ubica dentro de la estructura señalada como “Joaquín LLDM Enterprise”, acusada de operar una red criminal bajo fachada religiosa.
Entre otras cosas, las autoridades de Estados Unidos le atribuyen tareas de control mediático, presión contra víctimas y obstrucción de investigaciones.
Y claro, nadie está diciendo que Eduardo Vega tenga responsabilidad alguna en los pecadillos de esos otros personajes. Pero en política no todos cargan expedientes; algunos cargan relaciones, amistades y fotografías que con los años adquieren otro valor documental. Y ahí es donde ciertos perfiles empiezan a convertirse en exactamente lo que Morena prometió no volver a postular jamás.
Lo curioso es que Morena Veracruz prometió durante años ser exactamente lo contrario a todo eso: el fin de los grupos, de los apellidos reciclados y de los operadores de ocasión.
Pero conforme se acerca el 2027, empiezan a reaparecer personajes que antes militaban donde mejor soplaba el viento. Algunos vienen del PRI. Otros del PAN. Otros simplemente vienen de sí mismos.
Por eso llamó la atención lo ocurrido este inicio de semana a nivel nacional. Andrés Manuel López Beltrán dejó la Secretaría de Organización de Morena para buscar una diputación federal por Tabasco. Primero dejó el cargo; después vino la aspiración.
Acá pareciera funcionar distinto. Primero se construye la candidatura, luego se recorre el territorio, después se ocupan los eventos públicos… y al final, quizá, alguien recuerde que todavía había una subsecretaría pendiente por atender.
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