En la colonia Las Higueras no pasó nada extraordinario, aunque sí lo de siempre. Llegaron los regalitos, las sonrisas y las fotos. Mayo apenas empieza, pero hay quienes ya traen prisa.
Ahí estaba Diego Castañeda Aburto, caminando la colonia como si la diputación no alcanzara. A su lado, Eduardo Vega Yunes, dejándose ver, sumándose al recorrido. Los dos de Morena. Los dos con la mirada puesta más adelante.
El pretexto fue el Día del Niño. Antes de tiempo. En política eso de esperar nunca ha sido buena idea. Se reparten bolsitas, pero también se mide quién saluda y quién se acerca.
Los regalitos fueron oportunos -o oportunistas-. Quizá por eso ya no causan el mismo efecto. En algunas colonias la gente ya aprendió a escuchar menos y observar más. Sobre todo cuando aparecen las mismas promesas envueltas en distinto papel.
En realidad, el mensaje no iba para los niños. Iba dirigido a otros ojos. A los que cuentan en serio. Porque el proceso interno de Morena rumbo a 2027 todavía no arranca, pero ya se empieza a notar quién quiere estar en la lista.
Y en ese camino, conviene mirar bien con quién se camina. En política hay amistades que duran lo que conviene. “Tato” sabe cuándo hacerse a un lado. Ya lo hizo antes, cuando el nombre de Silem García Peña dejó de ser útil y empezó a pesar, sobre todo después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo ubicó entre los señalados en el caso de La Luz del Mundo.
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