A cien días del arranque del gobierno de Daniela Griego en Xalapa, el balance que se presume cabe en una idea sencilla: dos obras públicas. No es una lectura exagerada ni una interpretación forzada; es el dato que la propia administración ha puesto sobre la mesa.
Se trata de dos pavimentaciones que, en conjunto, reportan 144 beneficiarios. En una ciudad que supera el medio millón de habitantes, la cifra no necesita mayor adjetivo. Funciona por sí sola.
El problema no es la obra pública. Pavimentar calles —aunque sean cuchillitas— siempre será necesario. El punto es otro: que eso sea lo que se presenta como logro central de los primeros 100 días.
De un arranque de gobierno no se espera todo, pero sí señales de escala, de ritmo, de dirección. Hoy, esa señal es limitada.
El dato se vuelve más relevante cuando se incorpora el recurso público. Más de 1.7 millones de pesos invertidos en estas dos obras. Dinero etiquetado, ejecutado y difundido como parte del inicio de gestión.
Y entonces aparece el otro ángulo, el que incomoda más de lo que se dice.
En el sistema del Órgano de Fiscalización Superior, esas mismas obras están registradas como canceladas. No es un matiz menor ni un tecnicismo irrelevante. Es una contradicción directa entre lo que se ejecuta, lo que se comunica y lo que se reporta.
Las calles están ahí. Se inauguraron. Se presumieron. En el registro oficial, están canceladas.
Ese cruce de datos abre preguntas que no son menores. ¿Cómo se están reportando las obras? ¿Qué se está informando realmente en los sistemas de fiscalización? ¿Y qué versión es la que debe tomar como válida la ciudadanía?
Al final, el corte de los 100 días en Xalapa, en el gobierno de la morenista Daniela Griego, la tercera electa de ese partido de manera consecutiva, deja de ser solo un ejercicio político. Se convierte en una radiografía más amplia: de resultados y de la forma en que se intenta contarlos.
#CallejónPolítico es la columna de análisis y opinión política de Sie7e Días Noticias, donde se desmenuzan los entresijos del poder con mirada crítica, ritmo narrativo afilado y ética periodística. Es un espacio que señala, cuestiona y provoca reflexión sobre la coyuntura política local, estatal o nacional, con especial atención a las decisiones del poder público, las fracturas partidistas, los pactos bajo la mesa y los silencios estratégicos. Su estilo es directo, reflexivo y, cuando es necesario, irónico. No busca complacer, sino incomodar con argumentos. Aquí, la política se narra sin adornos y con la claridad que exige el momento.

