Con el paso de los días, queda más claro el tamaño del descalabro electoral de la magistrada Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, expresidenta del Poder Judicial de Veracruz. La elección extraordinaria de personas juzgadoras, realizada el pasado 1 de junio, no solo borró de la contienda a varios de sus cuadros, también dejó al desnudo la fragilidad de una red que parecía intocable.
En las últimas horas se han registrado acomodos sospechosamente oportunos. El Órgano de Administración Judicial —ese que opera como club de favores y que pronto tendrá que rendir cuentas— se ha encargado de colocar en calidad de interinos a hombres y mujeres cercanos a Lisbeth Aurelia. Sí, los mismos que fueron derrotados en las urnas de la judicatura, hoy se reciclan en juzgados clave como si nada hubiese pasado.
Ahí está el caso de la jueza Ana Lilia Vidal Cruz, que se queda como interina en el Juzgado de Pacho Viejo, en Coatepec, plaza que no es cualquier cosa: es el epicentro judicial donde se deciden causas de alto impacto político y criminal.
En Huatusco, la jueza Gabriela Ordorica Ávila fue acomodada también como interina, mientras que en Coatepec permanecen Dania Iveth Arenas Pérez y René Ortiz Sartorius, cuidando el flanco de ese bastión. En Pacho Viejo aparece además el juez Eduardo Martínez López, completando la cuadrícula de los desplazados que encontraron refugio en interinatos.
Lo que se lee como una estrategia de sobrevivencia del grupo derrotado, también deja en evidencia que el Poder Judicial todavía funciona con inercias y componendas. El discurso de cambio se topa de frente con el reciclaje de cuadros que buscan prolongar su estancia en los pasillos de la justicia veracruzana, aunque el respaldo popular ya no los acompañe. A ver cuántos resisten la deshojada de la “margarita judicial”. Al tiempo.

