Por Fanny Yépez
La crisis de credibilidad de Morena y los señalamientos de corrupción contra algunos de sus militantes ya obligaron al partido a endurecer sus filtros rumbo a las elecciones de 2027. La dirigencia nacional advierte que no permitirá candidaturas bajo sospecha, en medio de cuestionamientos por presuntos vínculos con el crimen organizado y personajes señalados por enriquecimiento ilícito.
La responsabilidad de Morena al postular perfiles con cuestionamientos éticos o penales es significativa. La selección de candidatos es una función central de los partidos políticos y hoy el partido guinda enfrenta una crisis interna y externa por la incorporación de personajes investigados por presuntos ilícitos financieros o conductas poco éticas.
La incorporación de estos perfiles golpea directamente la “autoridad moral y política” del movimiento, uno de los pilares que Morena presumió desde 2012. Por eso ahora el partido habla de garantizar perfiles impecables rumbo a los procesos electorales de 2027 y de evitar conductas que contradigan los principios de austeridad y honestidad.
La pregunta es inevitable: ¿encontrará Morena personajes realmente intachables para postularlos? Porque lo que parece seguro es que la oposición convertirá en bandera política el caso Sinaloa y la presunta relación de destacados militantes con el narcotráfico. Ese estigma no será fácil de borrar.
Aunque Morena se autodefine como una izquierda democrática, la inclusión de personajes “impresentables” y las sospechas de corrupción exhiben una contradicción entre el discurso y los hechos. La crisis ya dejó de ser interna. También se instaló en la opinión pública.
Morena perdió credibilidad y abrió la puerta para que hoy se cuestione a sus propios cuadros por su presunta relación con grupos criminales. Por eso la dirigencia insiste en que será sumamente escrupulosa en la designación de candidatas y candidatos.
Carolina Rangel Gracida, secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, admitió en entrevista con EL UNIVERSAL que el partido tiene “responsabilidad total” por haber permitido que este tipo de perfiles llegaran al poder. Aseguró también que el instituto político corregirá y reforzará sus mecanismos de selección rumbo a 2027.
Reconoció la decisión del gobernador Rubén Rocha de pedir licencia y sostuvo que Morena ahora tiene “la madurez” para reservarse el derecho de admisión.
La dirigente rechazó que los cambios respondan al temor de perder la mayoría legislativa. Sostuvo que Morena sigue siendo el partido con mayor respaldo electoral del país.
Mientras tanto, el Consejo Nacional de Morena ya ensaya mecanismos para endurecer filtros éticos, modificar métodos de encuesta y frenar el nepotismo, el influyentismo y la inclusión de perfiles con mala reputación.
La advertencia es clara: no habrá candidaturas para personas con antecedentes o señalamientos de corrupción, incluso si ganan encuestas internas. Y bajo ese nuevo criterio, muchos podrían quedarse en el camino.
En Veracruz, los señalamientos contra políticos de Morena son especialmente delicados. Las acusaciones van desde presuntos vínculos con el crimen organizado y enriquecimiento ilícito, hasta desvíos millonarios de recursos públicos. Todo eso ha provocado una severa erosión de confianza y una creciente crisis de credibilidad.
Como ocurre en otros estados, también han surgido denuncias por presuntos nexos entre funcionarios de alto nivel y grupos criminales, un escenario que rebasa la corrupción administrativa y comienza a tocar temas de régimen y seguridad pública.
Las denuncias por movimiento de dinero en paraísos fiscales, propiedades millonarias no justificadas y presunto enriquecimiento ilícito siguen acumulándose. Y Morena, tarde o temprano, tendrá que decidir si limpia la casa o aprende a vivir con la sospecha.

La Columna, escrita por Fanny Yépez Luna, es un espacio de opinión con mirada aguda y conciencia social. Desde un enfoque directo y ético, desmenuza la agenda pública con atención especial a la desigualdad, el abuso de poder y las fracturas institucionales. Su voz es firme, crítica y comprometida con los derechos humanos, siempre del lado de quienes suelen ser ignorados en el discurso oficial.

