Atanasio García habló y no habló cualquiera.
Habló el padre de Cuitláhuac García Jiménez, el exgobernador. Y habló fuerte:
Dijo que en Veracruz hay “escasa visión”. Que la percepción del gobierno de Rocío Nahle “no es favorable”. Que un gobernador de otro estado puede no conocer la realidad veracruzana. Y más aún: que fue un error confiar en alguien de otra entidad para gobernar.
La crítica al gobierno de Rocío Nahle no vino de la oposición. Vino desde dentro. Desde Morena Veracruz. Y eso cambia todo.
La reacción fue rápida. Funcionarios estatales, encabezados por el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, salieron a cerrar filas. Lo demás fue defensa de puro bodoque acostumbrado al ruido de cantinas. Mensaje alineado.
Pero en política no solo importa quién habla. Importa quién no.
Y ahí es donde el silencio empieza a pesar.
Dos nombres desaparecieron del radar: Esteban Ramírez Zepeta, dirigente estatal de Morena, y Dorheny García Cayetano, diputada local.
De ambos, ni una línea. Ni una postura. Ni un matiz frente a las declaraciones de Atanasio García. Nada, hasta la noche de este martes 28 de abril.
En medio del ruido, eligieron el silencio.
Y no son ajenos a la historia. Ambos fueron construidos políticamente en el sexenio de Cuitláhuac. Pero la historia de ambos con Cuitláhuac trasciende más allá de lo político: fueron rescatados de sus ambientes sociales, vestidos, mantenidos, sostenidos y posicionados cuando tocaba. Hoy caminan como aliados de Nahle.
Pero cuando llegó el momento de defenderla… no estuvieron.
En Morena Veracruz, tras las críticas al gobierno, algunos defendieron. Otros midieron. Y unos más, simplemente callaron.
El silencio también comunica, y en este caso dice más de lo que parece.
#CallejónPolítico es la columna de análisis y opinión política de Sie7e Días Noticias, donde se desmenuzan los entresijos del poder con mirada crítica, ritmo narrativo afilado y ética periodística. Es un espacio que señala, cuestiona y provoca reflexión sobre la coyuntura política local, estatal o nacional, con especial atención a las decisiones del poder público, las fracturas partidistas, los pactos bajo la mesa y los silencios estratégicos. Su estilo es directo, reflexivo y, cuando es necesario, irónico. No busca complacer, sino incomodar con argumentos. Aquí, la política se narra sin adornos y con la claridad que exige el momento.

