Por Fanny Yépez
La Comisión Estatal para la Atención y Protección de Periodistas (CEAPP) de Veracruz ha enfrentado diversas críticas y señalamientos por fallos, entre los que destacan la asignación desproporcionada de recursos a la burocracia, la presunta estigmatización de periodistas a través de comunicados y la percepción de una labor “nula” o ineficaz en ciertos casos.
Los principales errores y críticas identificados incluyen gasto administrativo elevado; se ha reportado que un porcentaje muy alto (cercano al 94.8 %) de su presupuesto se destina a nómina y gastos administrativos, dejando solo una pequeña fracción (5.2 %) para la protección directa de los comunicadores amenazados.
La CEAPP de Veracruz es señalada frecuentemente como un “elefante blanco” por legisladores, periodistas y críticos, debido a su alto presupuesto y percepción de ineficacia para proteger realmente a los comunicadores, siendo vista como un órgano costoso, poco transparente y con resultados insuficientes, especialmente durante sexenios con alta violencia contra periodistas.
Por todo ello y más, los comunicadores y organizaciones periodísticas han solicitado en múltiples ocasiones la desaparición de la CEAPP de Veracruz, argumentando principalmente su ineficacia, falta de transparencia y la persistencia de la violencia contra la prensa en el estado.
Otro error garrafal ha sido la emisión de comunicados polémicos; por ejemplo, en enero de 2025, la CEAPP emitió un comunicado que fue ampliamente criticado y repudiado por periodistas y legisladores locales por “estigmatizar” o “criminalizar” al gremio al exhortarlos a tener un “comportamiento ético y profesional en su vida pública”. Hágame usted el favor.
A más de una década de su creación, persisten las críticas sobre la falta de cumplimiento de su objetivo principal, con señalamientos de una labor “nula” y serias deficiencias que la mantienen lejos de respaldar efectivamente al gremio periodístico en Veracruz.
Se han expuesto fallas en la protección de periodistas; el más reciente es el caso del periodista Carlos Castro, lo que sugiere problemas en la implementación de las medidas de seguridad.
En fecha reciente, fue severamente criticada por la diputada local Bertha Ahued Malpica, presidenta de la Comisión de Atención y Protección a Periodistas. La legisladora se pronunció porque la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas (CEAPP) establezca lineamientos a la hora de emitir sus comunicados para evitar revictimización de comunicadores que han sido víctimas de alguna agresión.
“Creo que debemos revisar estos lineamientos a la hora de hablar, de dar declaraciones, porque desgraciadamente olvidamos los derechos humanos; hay que reunirnos (con la CEAPP)”, expresó.
En una nota publicada por la periodista Ángeles González se señaló que, al ser cuestionada la diputada morenista sobre las medidas de seguridad que se le habrían retirado al periodista asesinado en Poza Rica el pasado 8 de enero, Carlos Ramírez Castro, consideró que las y los periodistas de Veracruz deben saber cuál es el protocolo o las medidas de seguridad que deben seguir en caso de una urgencia.
“Sí, darle un seguimiento; necesitamos saber cuál es el procedimiento a seguir, porque luego no se sabe. Este muchacho se fue y luego regresó y ha de haber dicho ‘hasta ahí’; entonces fue lo que ocasionó que hasta la CEAPP ni sabía”, expresó.
Se entiende que, en esencia, todos sus integrantes son periodistas; todos vivieron experiencias similares, como esas faltas de respeto, los codazos de los escoltas que se exceden en querer proteger a sus jefes, el bloqueo para que no le pregunten a los funcionarios, la falta de ética de los servidores públicos que olvidan que una de sus principales obligaciones es informar acerca de lo que hacen o dejan de hacer y no salir corriendo, como lo hizo el lunes el señor Roberto Ramos Alor.
En fin, es bueno hacerles ver sus fallas, no para que las incrementen, sino para que las corrijan.

La Columna, escrita por Fanny Yépez Luna, es un espacio de opinión con mirada aguda y conciencia social. Desde un enfoque directo y ético, desmenuza la agenda pública con atención especial a la desigualdad, el abuso de poder y las fracturas institucionales. Su voz es firme, crítica y comprometida con los derechos humanos, siempre del lado de quienes suelen ser ignorados en el discurso oficial.

