Entre el silencio y la espera: así fue la angustia de las familias tras el accidente aéreo en Galveston

Redacción Sie7eDíasNoticias

XALAPA, Ver. La incertidumbre se instaló durante horas en los hogares de las familias de los marinos mexicanos que viajaban en la aeronave naval accidentada en las inmediaciones de Galveston, Texas.

Sin información clara y con reportes oficiales fragmentados, la espera se convirtió en angustia.

Mientras en el mar se activaban los protocolos de búsqueda, en tierra firme las familias aguardaban noticias que tardaron en llegar.

Horas sin respuestas

El accidente ocurrió el lunes 22 de diciembre, cuando un avión de la Armada de México realizaba una misión de apoyo médico en coordinación con la Fundación Michou y Mau.

Durante al menos 10 minutos se perdió comunicación con la aeronave antes de que se estrellara frente a la costa texana, en medio de condiciones de niebla.

A bordo viajaban ocho personas. Sin embargo, durante las primeras horas, la información oficial fue limitada, lo que prolongó la incertidumbre entre los familiares.

Con el paso de las horas, los comunicados de la Secretaría de Marina comenzaron a confirmar el peor escenario. Primero se informó del rescate parcial de personas, después del aumento en el número de fallecidos y, finalmente, de la localización del último cuerpo pendiente.

El saldo final fue de seis personas fallecidas y dos sobrevivientes que reciben atención médica.

Historias que no son cifras

Entre las víctimas se encuentra el teniente Luis Enrique Castillo, cuya familia recibió la confirmación oficial tras largas horas de espera. En su hogar, fotografías y diplomas dan cuenta de una carrera forjada con esfuerzo.

Familias de marinos mexicanos viven horas de angustia tras accidente aéreo en Galveston

También se confirmó el fallecimiento de Víctor Rafael Pérez Hernández, originario de Minatitlán, al sur de Veracruz. Su nombre se sumó a una lista que, para sus familias, nunca fue solo un número.

Para las familias, la confirmación de las muertes marcó el inicio de un proceso distinto, el del duelo, atravesado por el recuerdo de horas interminables sin respuestas claras.

Más allá de los boletines oficiales, el accidente dejó una estela de dolor en hogares veracruzanos y de otros puntos del país, donde la espera, el silencio y la esperanza se mezclaron hasta convertirse en una de las noches más largas para quienes aguardaban noticias de sus seres queridos.

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