Interior de oficina del Registro Público en Veracruz, símbolo del poder notarial
CALLEJÓN POLÍTICO

“No teníamos informes”

“No teníamos informes de que lo iban a hacer en ese momento”, dijo el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, sobre el caos vehicular por la sorpresiva reparación del puente de la “joroba”.

Una frase corta, pero brutal. Porque esa línea –tan ligera en apariencia– revela mucho más que un bache en la comunicación interna del gabinete: confirma un estilo de gobierno donde lo inesperado se vuelve rutina, y lo que debería saberse, simplemente no se informa.

Tampoco supieron qué pasaba con los custodios ni internos del Cereso de Tuxpan.

Tampoco supieron qué le ocurrió a la maestra Irma Hernández, desaparecida en Álamo tras denunciar extorsión.

Tampoco supieron que iba a llover con fuerza en Álamo y Poza Rica, que el “ligero desbordamiento” se convertiría en emergencia.

Tampoco supieron que justo en pleno Buen Fin iban a intervenir el puente más transitado de Xalapa.

Tampoco supieron –o fingieron no saber– que le subirían el sueldo a la gobernadora morenista Rocío Nahle.

Y si lo sabían y no lo dijeron, es aún peor.

En un gobierno donde la brújula se extravía y el silencio se disfraza de normalidad, el “no teníamos informes” deja de ser una disculpa válida. Se convierte en la crónica de una gestión que, en demasiados casos, gobierna con los ojos vendados… o mirando para otro lado.

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