La tragedia xalapeña tiene nombre y cargo: Alberto Islas Reyes, un alcalde sin aspiraciones políticas. Y si no aspiras, tampoco te comprometes. No tienes por qué ser buen político, gestor ni líder. Solo basta con administrar, cumplir la quincena y apagar la luz al salir. Total, su nombre no estará en otra boleta.
Abogado de profesión, su llegada a la alcaldía fue más accidente que proyecto. Un capricho del destino, suplente de otro que también ha salido debiendo: Ricardo Ahued, hoy gerente de la Secretaría de Gobierno.
Esta semana, Xalapa lo resiente. Una obra de reparación mal planeada sobre un puente colapsó la movilidad de toda la ciudad. Y con ella, se cayó también ese mito de los “grandes modernizadores” que tanto presumen progreso pero no saben ni desviar el tráfico.

