Por Fanny Yépez
El pasado 19 de septiembre, lo que debía ser un ejercicio de prevención sísmica terminó convirtiéndose en un espectáculo vergonzoso para las autoridades penitenciarias: miles de celulares escondidos en penales de todo México comenzaron a sonar al mismo tiempo, con la alerta sísmica, dejando al descubierto la magnitud del problema.
Cabe señalar que el Gobierno de México, a través de la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) y la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), informó que, por primera vez, el Sistema de Alertamiento Masivo llegó a los celulares de 80 millones de usuarios y usuarias, como parte del Segundo Simulacro Nacional 2025, que se realizó el pasado viernes a las 12:00 horas.
El hallazgo de 2,105 celulares incautados no solo destapa un escándalo en los penales del país y también en algunos de los reclusorios del estado de Veracruz, sino el grado de corrupción que ahí existe.
El sonoro zumbido de las alarmas alborotó a todos, sobre todo a los reclusos que no pudieron hacer nada. El sonido fue ensordecedor porque todos los aparatos sonaron al unísono. Custodios penitenciarios o celadores se pusieron en alerta y, con ello, inició la frenética búsqueda de los celulares.
Todos corrían por todos lados, los internos tratando de apagar sus celulares y los custodios buscando los aparatos en todas las celdas de los centros de reclusión.
Esta situación inesperada, ocurrida en varias cárceles de la entidad veracruzana donde supuestamente están prohibidos los celulares, puso al descubierto la gran corrupción que impera dentro de los Ceresos.
Fueron escenas chuscas, que se registraron a las 12:00 horas del pasado viernes. Nadie, ni los directores, ni los custodios y mucho menos los reos, previeron esta inédita situación: el sonar de las alarmas enviadas desde la SEGOB previniendo un supuesto sismo, que se realizó como parte de un simulacro y descubrió la gran corrupción que impera en estos centros de confinamiento.
Así ocurrió. Lo grave de todo este asunto es que, con este caso, se confirmó que en estos reclusorios impera una gran descomposición, donde todo se permite solo con el poder del dinero. Mucho se ha dicho que las bandas dedicadas a la extorsión operan desde los centros penitenciarios; con varios celulares y diversos chips hacen llamadas a sus víctimas, pidiéndoles diversas cantidades de dinero, bajo amenazas intimidan a sus interlocutores, obligándolos a hacer depósitos en diversas cuentas bancarias.
Pues bien, los intensos sonidos de las alarmas confirmaron lo que muchos ya sospechábamos: la corrupción y el dinero tienen poder incluso tras las rejas. Este descubrimiento demuestra cómo la vigilancia, los simulacros y los operativos pueden revelar redes de privilegios y mantener bajo control lo que debería estar prohibido.
Lo que parecía un simple simulacro terminó evidenciando cómo operan redes enteras de comunicación ilegal dentro de las prisiones. Ahora, las autoridades intensificarán los operativos para incautar y neutralizar los dispositivos que representan un riesgo de seguridad nacional.
Nuestros informantes nos relataron que, en un reclusorio de Veracruz, solo se lograron asegurar el viernes pasado 40 celulares, dato que nos parece risible porque, en la entidad, existen al menos 17 centros penitenciarios estatales, como indican las estadísticas de junio de 2025 del gobierno estatal. Estos centros incluyen el CERESO Amatlán de los Reyes, CERESO DuPont Ostión Coatzacoalcos, CERESO Pacho Viejo, CERESO Tuxpan y reclusorios regionales en otros municipios.
Según datos recientes de mediados de 2025, Veracruz tiene al menos 8,601 personas privadas de la libertad y 5,743 personas internas en prisión preventiva sin sentencia.
Precisamente, el pasado día primero de este mes de septiembre, el secretario de Seguridad Pública, Alfonso Reyes Garcés, informó que han cambiado a 5 directores de Centros de Readaptación Social del estado, además de que en las revisiones solo se encontraron las llamadas “puntas”, es decir, navajas “hechizas”, y sí, dijo que se han decomisado algunos teléfonos.
Pues ahora los directores de los centros penitenciarios tienen mucho que explicar sobre el porqué los reclusos tenían en su poder aparatos celulares.
Y la pregunta es la siguiente: ¿Ya se los habrán repuesto sus “auxiliares”? Porque ese es el modus vivendi de muchos de ellos.

