En el viejo Poder Judicial había un personaje que no necesitaba cargo para tener poder. Alfredo Corona Lizárraga no era magistrado, pero se movía como si lo fuera. Exconsejero de la Judicatura, sí. Pero sobre todo: sombra, escudero y operador de la expresidenta magistrada Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre. Era su asesor, su constructor de redes, su amuleto político y su estratega de campaña. ERA CASI TODO, NO’MÁS LE FALTABA SER BUENO Y ATINADO.
Ahora, reapareció. Se vende como “el gran asesor legislativo” y ya se le ve recorriendo los pasillos del edificio de Encanto, ofreciendo consejos como si fueran sentencias. Pero los ecos del pasado lo siguen. Dicen que su famoso “Proyecto Ciudadano 2025” —un software que prometía ser la llave del nuevo Poder Judicial— resultó más bien un espejismo con código de humo.
No logró votos, ni liderazgos… pero sí dejó promesas al aire, empleados hartos y, según los que lo conocen bien, un cochinito más gordo. Los que formaron parte del círculo cercano de la expresidenta ya afilan cuentas.
Dicen que en cualquier momento le caerán. No por justicia… sino por los centavos.
De lo que se entera uno por lo que se platica en nuestra redacción de Sie7eDíasNoticias.

