Otra vez bloqueos. Otra vez pancartas. Otra vez ciudadanos gritando lo más básico: “Queremos agua”. La escena se repite como cada temporada de estiaje —o de olvido—. Esta vez, fue en el cruce de Circuito Presidentes y Ángel Núñez Beltrán, rumbo al Velódromo, en Xalapa. Y aunque parezca mínimo, el reclamo es mayúsculo: la gente ya no pide lujos, pide agua.

Mientras tanto, desde el Gobierno de la Ciudad —y desde la Secretaría de Gobierno, la dependencia en la que Ricardo Ahued ayuda muchísimo, muchísimo al gabinete de la morenista Rocío Nahle— se sigue sosteniendo la gran promesa: el proyecto del Acueducto para Xalapa. Una promesa que flota, no corre. Que se dice, pero no se explica.

¿Alguien ya conoce en serio de qué va ese proyecto? ¿Dónde está? ¿Cuánto cuesta? ¿Quién lo hace? ¿Cuándo empieza? ¿Cuándo termina?

Porque hoy, lo que sí está claro es que el agua no llega. Pero las mentiras sí.

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