Cuando un reportero preguntó —casi al aire, sin intención de incendiar nada— sobre las tarifas de taxi, la gobernadora Rocío Nahle respondió con firmeza que los ruleteros “no podían cobrar lo que quisieran”. Hasta ahí, parecía una advertencia más de campaña. Pero no. Bastó esa frase para que la maquinaria burocrática se pusiera en marcha, sin diálogo, sin consulta y, sobre todo, sin tacto.
Así comenzó todo.
Lo que era una inquietud aislada en la conferencia del 7 de julio, se convirtió en política pública express: una revisión de tarifas que nadie había pedido, y que una semana después, terminó en un Decreto publicado por el Gobierno de Veracruz. El 21 de julio, se anunciaron nuevas tarifas en siete ciudades, entre ellas Xalapa, Veracruz y Orizaba. El gremio se enteró por la prensa.
Este lunes 28 de julio, los taxistas salieron a las calles. No protestan porque la tarifa subió demasiado, protestan porque la “actualización” es tan limitada, que no cubre ni el aumento de la gasolina, ni el precio de una llanta. Pero sobre todo, protestan porque fueron ignorados, tratados como si no importaran, como si la movilidad se pudiera administrar desde un escritorio.
La 4T en Veracruz abrió un frente innecesario, y lo hizo en tiempo récord. En lugar de acercarse al gremio, Nahle lo reprendió en público. En lugar de mesas de trabajo, hubo órdenes. Y en lugar de respuestas, llegó la calle.
Ricardo Ahued, ahora como secretario de Gobierno, se convirtió en la cara visible del conflicto. Ya no es el alcalde conciliador que caminaba por Xalapa, ahora representa al poder que impone decisiones mal calibradas. Mal empieza el sexenio cuando los primeros en alzar la voz son los que todos los días la sobreviven a ras de calle.
Hoy, los taxistas no sólo manejan vehículos: manejan también el hartazgo de miles que se sienten ignorados por un gobierno que prometía no ser igual a los anteriores. Y lo que comenzó con una pregunta sencilla en una rueda de prensa, se convirtió en la primera crisis de sensibilidad política para el nuevo gobierno.
¿Quién será el próximo en salir a las calles? ¿Quién escuchará antes de ordenar?

