No es la agenda oficial ni la que circula en conferencias de prensa. No es la de las gráficas que comparan cifras con 2018 ni la de los mensajes triunfalistas que repiten “vamos bien”. Es la otra agenda. La que no se imprime pero se vive: la agenda de la violencia, la de la impunidad, la de la percepción que arde más que los datos. Es la agenda del miedo, y esta semana, en Veracruz, fue la única que se impuso.
Del 20 al 24 de julio, las propias cifras del gobierno federal reportaron 16 homicidios dolosos en la entidad. No son rumores, no es “percepción”, son datos de la Secretaría de Seguridad y Participación Ciudadana, de la Defensa Nacional, de la Marina y de la Fiscalía General de la República. Son los mismos que alimentan el boletín diario que muchas veces no se lee completo… hasta que los nombres empiezan a doler.
Uno de esos nombres es el de Irma Hernández Cruz, maestra jubilada y taxista en Álamo Temapache. Secuestrada, videograbada, forzada a leer un mensaje con lenguaje criminal, y finalmente asesinada. Su cuerpo apareció con signos de tortura. El video circuló antes de que las autoridades estatales siquiera emitieran una postura clara. Fue la viralización del horror la que obligó al Estado a reaccionar.
Horas después del hallazgo de Irma, la violencia no se detuvo. En Matatenatito, municipio de Omealca, un comando armado atacó una base de la Policía Estatal. Resultado: un agente muerto, otro herido y un operativo urgente activado con código rojo. Ni tiempo para guardar silencio institucional hubo.
La gobernadora Rocío Nahle desde las redes sociales, prometía justicia y coordinación. La narrativa oficial insiste en que “la estrategia da resultados”. Pero en los taxis, en los tianguis, en los grupos vecinales, en la fila del OXXO, el comentario es otro: “Otra vez el miedo”.
Este gobierno cumple ocho meses en el poder. Ocho meses perdidos en materia de seguridad. Ocho meses donde la extorsión sigue siendo la ley en varias regiones. Ocho meses sin romper con las inercias de impunidad. Ocho meses con menos respuestas que excusas.
Aquí no se trata de ganar el discurso. Se trata de recuperar la confianza de una población que ya no se traga los comunicados. La gente no vive de cifras sino de realidades, y esta semana, la realidad fue tan cruda como innegable. No, Veracruz no va bien. Y las víctimas no se tapan con tuits.

