Thor, Centauro y los negocios del corazón en Tlalnelhuayocan

En Tlalnelhuayocan no se gesta una campaña. Se administra un legado.

María Emilia Nieto Miranda, candidata de Morena a la alcaldía, parece llegar a las urnas con algo más que el respaldo del partido: una red familiar aceitada desde hace años, donde los apellidos Muñoz Alfonso no solo mandan en el Cabildo, también en las actas constitutivas.

Porque mientras el discurso oficial habla de transformación, los documentos dicen otra cosa: empresas de seguridad con nombres dignos del Olimpo empresarial —Thor, Centauro, Seguver— se conectan a través de familiares, notarios compartidos, domicilios clonados y asambleas que huelen menos a democracia y más a estrategia.

Ahí está Edgar Alberto Muñoz Alfonso, esposo de María Emilia, moviendo fichas en dos de esas compañías hasta que, en un mismo día y ante el mismo notario, cede todo a su padre y a su madre. Y ahí está María Emilia, firmando como delegada de la sociedad Thor en una asamblea clave. ¿Coincidencias? Tal vez. Pero demasiado ordenadas para no levantar sospechas.

En este municipio donde el poder se hereda y las empresas se reparten como cubiertos en una cena familiar, la línea entre la administración pública y la administración de recursos se vuelve borrosa.

Y si en los nombres empresariales apelan a dioses y centauros, la pregunta real es: quién maneja el rayo y quién reparte los contratos.

Esto apenas comienza…

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