Por Fanny Yépez
En fecha reciente se publicaron en el Diario Oficial de la Federación (DOF) los manuales que regulan las remuneraciones de los diputados federales y senadores para el ejercicio fiscal 2026, cuyos sueldos ascenderán a 79 mil 846.35 pesos y 132 mil 900 pesos netos mensuales, respectivamente.
Cuando observamos estos estratosféricos sueldos y los comparamos con lo que percibe mensualmente un soldado que ofrenda su vida a la nación, nos lleva del disgusto a la indignación por la injusticia e inequidad que existe en estos dos sectores.
Porque, en tanto que los diputados no salen del confort de sus oficinas de lujo, de sus “camionetotas machuchonas” y de sus viajes en avión en primera clase, los elementos del Ejército duermen en catres, comen lo que pueden y exponen su vida, luchando por y para que el pueblo tenga mejores condiciones de seguridad y paz social. Lamentablemente, en esta lucha tenaz han muerto miles de elementos del heroico Ejército mexicano.
En México, el salario mensual de un soldado del Ejército varía según su rango y el año de referencia. Para 2026, los sueldos actualizados reportados por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) son los siguientes:
El sueldo base de un soldado se complementa con diversas prestaciones, alcanzando montos netos (libres de impuestos) aproximados de entre $14,000 y $16,000 pesos mensuales.
El cabo aproximadamente $17,000 pesos; Sargento Primero entre $16,000 y $18,000 pesos; un Subteniente a Capitán Primero hasta $42,000 pesos y los Generales pueden percibir hasta $132,000 pesos mensuales.
Además del salario base, los miembros de las Fuerzas Armadas en México reciben beneficios administrados por el ISSFAM que incluyen el aguinaldo y prima vacacional, seguro de vida y seguro colectivo de retiro.
También los créditos hipotecarios para vivienda, servicio médico integral para el militar y sus derechohabientes, becas escolares para sus hijos.
El periódico La Jornada, este miércoles, publicó con detalles las prebendas que perciben los legisladores y los empleados del Poder Legislativo; se establecen también los salarios del personal de mando y homólogos de la Unidad de Evaluación y Control de la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación y del Canal del Congreso.
Asimismo, se precisan algunas de las prestaciones de las que gozan los diputados, entre ellas, gastos funerarios.
La Cámara “reembolsará el importe equivalente de hasta un mes de dieta neta, las erogaciones por fallecimiento de sus beneficiarios, para lo cual deberán exhibir la documentación fehaciente para acreditar el deceso, siempre y cuando sean sus progenitores, cónyuge o hijos”, cita la publicación.
Por su parte, el Senado planea erogar este año cerca de 3 mil 150 millones de pesos para el pago de sueldos y salarios de legisladores, funcionarios de nivel medio y alto, personal administrativo y parlamentario, así como trabajadores de limpieza y mantenimiento que laboran en esa Cámara, lo que representa un incremento de cerca de 89 millones de pesos en relación con el año pasado.
En total, el Senado gastará poco más de la mitad de su presupuesto de este año, que es de 5 mil 103 millones 800 mil pesos, en las dietas de senadores y salarios de los empleados, y le quedarán cerca de 2 mil millones de pesos para “apoyo a los grupos parlamentarios y los otros gastos de la Cámara”.
De acuerdo con el manual dado a conocer ayer, el número total de plazas se incrementó de 2 mil 772 a 2 mil 876, es decir, 104 más, la mayoría de personal administrativo que labora por honorarios.
No hay punto de comparación entre los salarios que perciben los diputados, senadores y trabajadores del Poder Legislativo y los sueldos que reciben los elementos del glorioso Ejército mexicano, que en muchas ocasiones han acaecido en el cumplimiento de su deber. No hay justicia ni equidad. Es urgente que se actúe al respecto en honor a los elementos caídos.

La Columna, escrita por Fanny Yépez Luna, es un espacio de opinión con mirada aguda y conciencia social. Desde un enfoque directo y ético, desmenuza la agenda pública con atención especial a la desigualdad, el abuso de poder y las fracturas institucionales. Su voz es firme, crítica y comprometida con los derechos humanos, siempre del lado de quienes suelen ser ignorados en el discurso oficial.

