Marx Arriaga y Esteban Ramírez Zepeta en contexto político de la 4T en Veracruz
CALLEJÓN POLÍTICO

Antes de Arriaga, Zepeta

El viernes 13 de febrero, Marx Arriaga fue separado de su cargo como director de Materiales Educativos de la SEP. No fue una renuncia tersa ni una salida administrativa con café de despedida. Hubo policías de la Ciudad de México. Hubo narrativa de agravio.

Arriaga dijo que no había argumentos para destituirlo. Que su único “crimen” fue querer una mejor educación. Y en cuestión de horas, el episodio dejó de ser burocrático para convertirse en espectáculo político.

Pero en la aldea veracruzana, las escenas de oficina desalojada con respaldo de fuerza pública no son precisamente inéditas.

En 2019, cuando Esteban Ramírez Zepeta era jefe de la Oficina del Gobernador, algo parecido ocurrió en Palacio de Gobierno. La diferencia es que aquella historia no tuvo alcance nacional, pero sí testigos suficientes.

Zepeta se había ausentado una semana entera de sus funciones. La causa, según el anecdotario político de aquel entonces, fue su conocida afición a la bebida entre amigos. No es secreto. No es rumor nuevo. Es parte del personaje. Las benditas redes sociales son testigo público de ello.

Cuando regresó, hubo discusión. Y no fue menor. El entonces gobernador Cuitláhuac García, en uno de esos episodios que mezclan amistad, jerarquía y desencuentro, ordenó a los marinos de su escolta que lo retiraran de Palacio. Del brazo lo pasearon por el edificio. Amagó con destituirlo. Formalmente no ocurrió en ese momento; en los hechos, sí.

Días después, Zepeta merodeaba Palacio y operaba asuntos varios sin importancia, sin oficina y lejos de los ojos del Cui. Luego regresó, renunció y meses después fue impulsado como dirigente estatal del movimiento.

Los casos de Marx y Zepeta no son iguales. De fondo, no se parecen en nada. Uno se mueve en el terreno ideológico de los libros de texto y la disputa por la narrativa educativa nacional. El otro fue una riña doméstica del poder veracruzano con aroma a sobremesa extendida.

Pero en la forma hay un eco curioso: los modos de atender las diferencias internas de la 4T. En la aldea, como en la capital, el poder tiene sus maneras.

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