Eleazar Guerrero en reunión de Comisión de Transparencia en la Cámara de Diputados

En los pasillos del morenismo veracruzano cuentan repetidamente los desaires de Rocío Nahle al diputado federal Eleazar Guerrero. No se ocultan en lo público y no son casualidad.

Quizá por eso al primo incómodo del exgobernador Cuitláhuac García se le ve tan cómodo al lado de Javier Herrera Borunda, el legislador verde que, entre encuentros y reunioncitas, lo arropa en el espacio donde —dicen— siempre ha estado su corazón político.

Eleazar perdió el asiento privilegiado… aunque no el instinto de supervivencia.

Más de uno en la aldea soltó carcajadas cuando esta semana lo vio sentado junto a Javier en la Reunión de la Junta Directiva de la Comisión de Transparencia y Anticorrupción de la Cámara de Diputados, en la que ambos son integrantes.

Transparencia. Anticorrupción. Palabras grandes para fotos pequeñas.

En la mesa se hablaba de vigilancia y rendición de cuentas, pero en las memorias colectivas retumbaban los informes de auditoría —los federales y los locales— que señalan opacidad y tufo a tranza en la administración pasada. Esos mismos que algunos intentan diluir con discursos de absolución anticipada.

Pero así es el morenismo versión Veracruz: donde el incómodo encuentra acomodo, el adversario se vuelve aliado y la transparencia se discute… entre quienes aún cargan sombras.

Es el mundo al revés.

Pero con Eleazar, nada grave. Solo política.

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