Rocío Nahle y Ricardo Ahued implicados en polémica por cártel inmobiliario en Veracruz

Nahle-Ahued: del cártel inmobiliario a los meritorios, y la mentira del “no sabía”

En Veracruz, los escándalos revientan por acumulación. El caso del supuesto cártel inmobiliario y del Registro Público de la Propiedad es un ejemplo de libro. No hay nada nuevo, salvo las declaraciones que intentan parecerlo.

Esta semana, la gobernadora Rocío Nahle García aseguró que “no sabía” que en el Registro Público operaban personas sin contrato, conocidas como meritorios, que cobran por fuera y agilizan trámites. Lo dijo con asombro. Como si esa práctica no fuera una institución paralela en cada una de las 25 zonas registrales de Veracruz desde hace años. Dijo que no sabía. Y eso, más que preocupante, es poco creíble.

Porque si hacemos memoria, apenas el 19 de julio de 2024, unos días después de ganar la elección, Nahle acudió al edificio del Colegio de Notarios, acompañada por Ricardo Ahued Bardahuil, quien ya se perfilaba como secretario de Gobierno.

Ahí, en la calle Nicolás Bravo de Xalapa, entre abrazos y discursos, se habló del papel que tienen los notarios en la “certeza jurídica” del estado. En ese mismo espacio —y con esos mismos actores— se sabe que se habló también de los meritorios. No como anomalía, sino como parte del engranaje que mantiene en movimiento la maquinaria inmobiliaria veracruzana. ¿No lo escucharon? ¿Nadie les dijo?

Ahora bien, suponiendo sin conceder que Nahle no sabía, su “dos de a bordo” sí lo sabía. Ahued no solo estaba en esa reunión; conoce de cerca al gremio notarial y hasta comparte a menudo el comedor con algunos de sus integrantes.

Como alcalde de Xalapa, como actor político de décadas, como figura de poder local, no puede alegar ingenuidad. Y fue él quien ratificó a Yolanda Tovar Vadillo como registradora de la zona Xalapa, justo donde reventó el escándalo del supuesto cártel inmobiliario.

Yolanda Tovar había sido nombrada en 2024 por Carlos Juárez Gil, ese fugaz, gris y turbio secretario de Gobierno al final de la administración de su cuate Cuitláhuac García. Ahued llegó, la mantuvo. Eso no es ignorancia. Es, cuando menos, comodidad.

Y lo es más aún si se considera que, en política, no todo lo que se hereda se acepta. Hay quienes llegan y limpian. Hay quienes llegan y callan. Aquí, se llegó, se escuchó, se sabía… y se sostuvo.

Catorce meses después de haber asumido el gobierno quieren vender la idea de que nadie se había dado cuenta. Que no nos pidan tragar el cuento de que el Registro Público fue secuestrado por debajo del radar. Lo dejaron operar. Lo dejaron podrirse. Y ahora que estalla, se esconden tras frases como “se investigará” o “no sabía”.

El asombro no limpia estructuras. Los nombramientos —o las ratificaciones— son decisiones que se pagan. Lo que se espera ahora son consecuencias. En el Registro Público de la Propiedad el problema no está en los meritorios. Está en los titulares.

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