Largas filas y desorden en módulos de reemplacamiento en Veracruz

El reemplacamiento en Veracruz no fue sorpresa para nadie.

La gobernadora morenista Rocío Nahle lo anunció desde julio del año pasado con argumento técnico: “no es para recaudar, sino para ordenar”. Un mensaje de esos que suenan a “es por tu bien”, aunque implique abrir la cartera.

La medida se formalizó en noviembre con la entrega al Congreso del proyecto de Presupuesto 2026, repitiendo que no es por falta de dinero, sino por seguridad vial. Ajá.

Pero si ya lo tenían tan claro, si el plan estaba sobre la mesa desde hace medio año, si presumen –una y otra vez– que los veracruzanos son cumplidos y que la recaudación va viento en popa… ¿por qué entonces la Secretaría de Finanzas y Planeación (SEFIPLAN) no se adelantó a preparar una logística decente para el cobro?

¿De verdad pensaban que la gente iba a llegar en orden, formada y agradecida por el nuevo trámite? ¿Qué creyeron, que la fila sería como la de un Starbucks?

Lo cierto es que el reemplacamiento ha sido un desastre operativo. Las demoras de 8 hasta 12 horas están documentadas por la prensa. La lentitud no es percepción, es vivencia. Y no es que falten computadoras o impresoras. Falta planeación. O voluntad. O ambas.

Apenas a mediados de enero —con la gente ya desquiciada— anunciaron que abrirían más módulos en ciudades grandes como Xalapa. Pero ni así. La tortuga burocrática veracruzana sigue siendo campeona olímpica.

Y entonces se les prendió el foco (uno de muy poquitos watts): hacer una jornada de contratación para reforzar las oficinas de Hacienda. ¿El objetivo? Atender mejor el cobro. ¿El resultado? Otro caos.

La convocatoria del sábado 24 de enero fue un ejemplo de cómo no se organiza un proceso: dos versiones distintas circulando, largas filas, desinformación, malos tratos… y al final, solo atendieron a quienes hicieron un pre-registro digital que no todos conocían.

Para cobrar, no saben.

Para contratar, tampoco.

Y para pagar, menos.

Ahí están los reclamos por el bono decembrino, los empleados de contrato en Salud sin pago, los despidos en la UPAV, y los retrasos con el Fondo del Futuro. SEFIPLAN parece más bien una fábrica de pendientes que una institución de finanzas públicas.

Pero eso sí: cuando llega el día de pago de tenencia, predial, placas o reemplacamiento, los veracruzanos están ahí. Formados. Con paciencia. Con fe.

Lástima que del otro lado de la ventanilla no siempre estén a la altura.

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Un comentario en "En SEFIPLAN Veracruz ni cobrar saben"

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