“Comemos lo justo para que dure”: damnificados de El Higo y Álamo estiran la despensa de 7 días

Redacción Sie7eDíasNoticias

EL HIGO, Ver. Una despensa. Siete días. Cuatro personas. Ese es el cálculo oficial con el que la Secretaría de Marina distribuye la ayuda alimentaria en municipios como El Higo y Álamo, severamente afectados por las lluvias y el colapso de caminos. Pero en muchas viviendas, la cuenta no cierra.

Damnificados de estas zonas reconocen que han tenido que racionar los alimentos al máximo: “comemos lo justo para que alcance, a veces solo dos veces al día”, dice una habitante de una comunidad aislada en El Higo.

En el caso de El Higo, el informe oficial señala que se han entregado más de 1,100 despensas y 4,680 litros de agua embotellada, mediante operaciones aéreas y terrestres. El despliegue incluye 4 vehículos, 2 embarcaciones, 2 aviones, 3 helicópteros, una cocina móvil y una planta potabilizadora.

Además, 680 elementos —300 de la Secretaría de Marina, 300 del Ejército y 80 del Gobierno del Estado— trabajan en la limpieza de calles y apoyo logístico. Aun así, muchas comunidades permanecen sin acceso terrestre, por lo que el suministro de alimentos depende de vuelos diarios en helicóptero.

En Álamo, la situación es similar. Con el apoyo de 14 vehículos, 12 embarcaciones, un avión y un helicóptero, la Marina ha distribuido más de 1,600 despensas, además de agua y atención médica. El reto, sin embargo, no es solo llegar, sino que la ayuda dure.

Las despensas están diseñadas para alimentar a una familia de cuatro personas durante siete días, pero en la realidad muchas son compartidas con vecinos, adultos mayores o familias ampliadas. “No se puede decir que no cuando alguien tiene hambre”, expresa un voluntario local.

Aunque los esfuerzos continúan, las autoridades reconocen que el acceso limitado, las calles obstruidas y la alta demanda dificultan una distribución más frecuente.

En El Higo, el avance en labores de limpieza alcanza el 85% en algunos sectores, mientras que en Álamo llega al 70%. No obstante, la necesidad alimentaria persiste, y las historias de racionamiento son el reflejo de una emergencia que aún no termina.

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