De la SEV, Maritza y David: bailan mientras 32 familias de Veracruz entierra a los suyos

En el norte de Veracruz, el lodo aún huele a muerte, a pérdida, a casas vacías y escuelas cerradas. La cifra de personas fallecidas tras las inundaciones ya asciende a 32, mientras más de 380 mil estudiantes están sin clases, dispersos entre el barro y la incertidumbre.

Y en ese mismo estado —donde madres entierran hijos, donde hay familias que lo perdieron todo y donde los niños no tienen pupitres ni pizarras—, dos altos funcionarios de la Secretaría de Educación de Veracruz bailan.

Maritza Ramírez, subsecretaria de Educación Básica, y David Jiménez, subsecretario de Media Superior y Superior, fueron captados moviéndose con entusiasmo en medio de la tragedia, mientras decían realizar labores de limpieza. Pero no estaban limpiando nada. Estaban bailando.

¿Y qué otra cosa iban a hacer si el ejemplo arrastra?

Si desde arriba no se transmite duelo, responsabilidad ni sensibilidad, el cuerpo reacciona como puede: bailando sobre la desgracia de otros.

Ella, originaria de San Andrés Tuxtla.
Él, de la Ciudad de México, con un cargo local que nunca ha sentido como propio.

Ambos, inexplicablemente relajados, sin que la muerte les roce, sin que el dolor les duela.

¿Bailaban porque no perdieron a nadie?

¿Porque los muertos son siempre de otros?

La escena, que no fue desmentida, ni lamentada, retrata la insensibilidad estructural de un sistema político que se disfraza de humano, pero actúa como si gobernar fuera posar para redes.

Y mientras tanto, los que sí lloran —los que sí pierden, los que sí sienten— se preguntan si la empatía ya no cabe en el presupuesto.

Lo más grave no es que bailen.
Lo más grave es que crean que eso está bien.

Y si así entiende la tragedia quien manda, así la reproducen quienes obedecen.

Entradas relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *