En Veracruz la memoria es frágil, pero la historia se encarga de recordarla. Y cada vez que las botas de los antimotines pisan el centro de Xalapa, inevitablemente vuelven las comparaciones.
Javier Duarte tardó cinco años en echar mano de la fuerza pública contra los jubilados aquel 23 de diciembre de 2015, cuando exigían lo más elemental: sus pensiones y aguinaldos.
Miguel Ángel Yunes Linares esperó la mitad de su bienio para recurrir a la fuerza pública y sofocar protestas de empresarios y ciudadanos que pedían servicios básicos con insistencia.
Cuitláhuac García Jiménez resistió casi todo su sexenio —incluso con Eric Cisneros, el hombre de “mano dura”, al frente de la Secretaría de Gobierno—, hasta que en los últimos meses de su mandato, con su entonces gris encargado de la gobernabilidad Carlos Juárez Gil, se desató el horror en Totalco: dos muertos tras el operativo de desalojo contra campesinos.
Y Rocío Nahle… apenas cumple diez meses en el cargo y ya manda a los antimotines a desalojar.
Primero, el jueves 2 de octubre, fueron padres de familia de Tehuipango los que bloquearon la avenida Lázaro Cárdenas para exigir maestros. Un día después, el 3 de octubre, los jubilados de UBSIVER fueron encapsulados frente al Palacio de Gobierno para “dialogar” con un funcionario, rodeados de escudos, toletes y, como guarnición, civiles que arrebataron mantas y huyeron entre las risas de la fuerza pública.
¿Qué prisa tiene la gobernadora? Duarte, Yunes y Cuitláhuac recurrieron a los antimotines cuando ya no tenían legitimidad ni autoridad. Nahle, en cambio, está arrancando. Le restan cinco años y dos meses de gobierno, y en la cuenta ya lleva dos vistosos desalojos, y otros más.
La pregunta es inevitable: ¿dónde está su secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, ese que se supone “le ayuda muchísimo muchísimo”? Porque no sería justo que, en efecto, ya se haya resignado a ser el conserje de Palacio.
Y si no aparece Ahued, ¿acaso está José Manuel Pozos Castro, subsecretario de Gobierno, para cumplir con la tarea política que se les paga?
El problema no son los jubilados ni los padres de familia. El problema es el mensaje: un gobierno que se estrena con toletes y escudos, anticipando su desgaste antes de tiempo.
Si en diez meses ya se agotó la paciencia, ¿qué herramienta le quedará para el sexto año, cuando la calle le reclame con más fuerza?
La morenista Nahle parece quemar en meses lo que a otros les costó años desgastar.

