Por Fanny Yépez

De esas cosas que suceden en el mundo de la política y que muchas veces nos parecen increíbles, es que dentro del mismo equipo se muevan las fichas sin ningún control y sin ver que, sencillamente, están escupiendo para arriba.

A ver, ahora solo faltan tres meses para que lleguen los nuevos alcaldes y alcaldesas, pero los que ya se van, quién sabe a qué le temen, porque desde ahí, desde esos palacios municipales, han salido “disparos” sin sentido y, como dijera aquel, ¿pero qué necesidad?

No puedo generalizar, pero solo para referirme a un caso específico, les comento que, en Xalapa, la alcaldesa electa, Daniela Griego Ceballos, ha hecho una selección de su equipo de trabajo, buscando a los mejores perfiles profesionales para atender las verdaderas necesidades de los habitantes de la ciudad capital.

Sin embargo, alguien que evidentemente está resentido, trata de exhibir a ese equipo que comenzará a operar a partir del 1 de enero del próximo año, y ella está consciente de esa situación, que, por supuesto, no le preocupa porque todo es falso, como el hecho de insistir en que el exalcalde Hipólito Rodríguez Herrero estará despachando en esa comuna, lo que es una completa falsedad.

No es posible que, sin ver cómo va a funcionar la nueva administración municipal, traten de ponerle piedritas en el camino. Pero no hay mucho que investigar: se tienen ya los hilos de esas agresiones que no van a detener la inercia que trae la exdiputada local y exdirectora del IPE, entre otros cargos, donde ha demostrado de qué está hecha.

La experiencia de Daniela Griego es muy superior a la de los que se supone que son sus detractores. Su triunfo fue inobjetable. Desde el inicio de su campaña se podía sentir y observar la fuerza con que se conducía, y el día de la votación fue determinante: el triunfo se lo llevó de manera limpia y transparente.

No lo platiqué, pero desde entonces se comentaba en los corrillos políticos que algunos morenistas resentidos le jugaban las contras. Y en esta aldea todo se sabe, nadie escapa a esas miradas, y esos que declaran que van a guardar los secretos son los primeros que filtran esa información que llegó hasta donde tenía que llegar.

Tiempo de mujeres y de mujeres exitosas, que han demostrado con su trabajo y tesón su capacidad, que está a prueba de bomba. Su origen morenista es desde hace muchos años, porque ella es de las fundadoras. Por eso, desde 2016 ya se desempeñaba como diputada local.

Sus recorridos por los fraccionamientos y colonias de Xalapa los continúa haciendo, escuchando con atención a las ciudadanas y ciudadanos, interactuando y fortaleciendo su Plan de Trabajo Municipal, que sin distingo, va a llegar a todos los habitantes de esta ciudad.

El precio de las alianzas en el Poder Judicial

En política, las coincidencias casi nunca son fortuitas. La reciente reunión entre la magistrada presidenta del Tribunal Superior de Justicia del Estado, Rosalba Hernández Hernández, y el veterano político priista Héctor Yunes Landa debe leerse más allá de la anécdota: refleja cómo las viejas prácticas de favores y alianzas de conveniencia continúan teniendo cabida en espacios donde debería prevalecer la imparcialidad y la autonomía institucional.

El Poder Judicial enfrenta hoy un reto mayor: mantener su legitimidad en un contexto de cambio y transformación en Veracruz. Sin embargo, la conformación de equipos de confianza en la cúspide de la institución deja ver la persistencia de vínculos con personajes ligados a estructuras políticas cuestionadas. Esa red de influencias, más que fortalecer al Tribunal, lo expone a la percepción de ser rehén de intereses ajenos a la justicia.

Los nombres que acompañan a la presidenta del TSJ no pasan inadvertidos: Alfredo Niño Flores, con antecedentes priistas y participación en contratos polémicos; Eduardo Ignacio Lagos Rodríguez, señalado por conductas de acoso; o Jesús Roberto Cabrera Martínez, pieza vinculada directamente a Yunes Landa, son ejemplos que explican por qué las decisiones administrativas y políticas del Tribunal hoy generan sospechas en la opinión pública.

El verdadero problema no es la reunión en sí, sino el mensaje que envía: la justicia en Veracruz sigue siendo vista como un tablero donde las piezas se mueven por lealtades políticas antes que por méritos o convicciones jurídicas. Esa es la factura más cara que pagan las instituciones: la erosión de la confianza ciudadana.

La diosa griega de la justicia es Temis, la personificación de la ley, el orden y la justicia divina. Se le representa comúnmente con símbolos como la balanza, la venda en los ojos y la espada, que simbolizan la equidad, la imparcialidad y la capacidad para imponer el derecho, respectivamente. Para la justicia no hay siglas y colores de partidos, ni niveles económicos.

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