El secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil, suele tener tono sereno, verbo claro y discurso de convicción. Pero en política no siempre basta con parecer… también hay que tener con qué sostener.

El 3 de septiembre pasado, desde el podio de Palacio de Gobierno, Ahued aseguró que el acueducto para Xalapa —ese que anunció la gobernadora Rocío Nahle en marzo— va. Que ya se reúnen, que ya lo planean, que tiene carácter metropolitano, y que hasta están cuidando no decir de dónde vendría el agua, para no levantar suspicacias.

Pero apenas ayer miércoles 17 de septiembre, el director de la Conagua Golfo Centro, Pablo Robles Barajas, lanzó un balde de realidad:

No tenemos una fuente segura. Estamos revisando. No hay garantía de que haya acueducto”.

Así, mientras Ahued da por hecho un proyecto que Conagua ni siquiera tiene en firme, la diferencia de versiones revela que el agua no solo escasea en Xalapa, sino también entre las dependencias.

Y aunque el secretario habla de tanques, distribución y factibilidades, la falta de definiciones lo salpica: como en el tema del acueducto, Ahued hace agua también en la gobernabilidad, en la seguridad, y —dicen en voz baja en Palacio— hasta en el papel de conserje de confianza.

Porque en tiempos de crisis, no se trata de ver quién habla bonito… sino quién tiene el proyecto completo, sin goteras.

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