Ahued, ese que ayuda “muchísimo, muchísimo”, no logra sostener ni una ceremonia oficial

Mientras en cuatro municipios de Veracruz se cancelan las ceremonias del Grito de Independencia por razones de seguridad, el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil, apela a la esperanza. No a una estrategia, no al uso de las facultades que le confiere el cargo, sino a la buena voluntad de los alcaldes.

Les pidió —con voz suave y casi en susurro institucional— que “reconsideren su decisión” y organicen los actos patrios. Le respondieron con el silencio… y con una cancelación más.

Apenas el sábado por la mañana, Ahued les extendía la solicitud a los gobiernos municipales de Coxquihui, Cerro Azul y Zozocolco. Por la tarde, Coahuitlán se sumaba a la lista.

Cuatro ayuntamientos sin actos oficiales, cuatro gobiernos locales que ya no miran hacia Palacio de Gobierno cuando se trata de definir el rumbo de su seguridad pública. A Ahued no solo no lo escuchan, tampoco lo reconocen como interlocutor, mucho menos como operador político.

Es cierto: Ricardo Ahued es un funcionario que le sirve “muchísimo, muchísimo” a Rocío Nahle, como ella misma ha dicho. Pero a la política interna del estado le está sirviendo poco, o le está sirviendo mal.

Desde hace semanas, el panorama se le descompone sin resistencia visible. Las y los alcaldes no lo buscan porque saben que no resuelve. Los liderazgos dentro del propio gabinete estatal tampoco lo ven como agente de cohesión o contrapeso. Va administrando la gobernabilidad en un estado que ya empieza a mostrar grietas más profundas que las que deja un Grito suspendido.

No es menor que, en un año previo a elecciones federales y locales, el secretario de Gobierno esté cruzado de brazos —y de palabras— mientras los municipios del norte de Veracruz optan por la prudencia que da el miedo y no por la coordinación institucional.

La seguridad pública se convierte en asunto exclusivo de los cabildos y los directores escolares, mientras la voz del segundo al mando del estado no pesa ni para evitar una ceremonia cívica.

¿Hasta dónde alcanza el capital político de Ahued? ¿Cuánto más podrá administrar el silencio de los otros sin perder también el suyo?

En Veracruz, al menos esta vez y en estos cuatro municipios, el Grito no fue silenciado por la violencia, sino por la falta de autoridad para enfrentarse a ella.

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