Poder Judicial: el último manotazo del grupo saliente y el riesgo del caballo de Troya

La mañana de ayer viernes 4 de julio, el edificio del Poder Judicial del Estado de Veracruz fue ocupado. No por abogados ni justiciables, sino por policías antimotines desplegados con sorprendente rapidez. Adentro, el Pleno del Tribunal Superior de Justicia sesionaba para aprobar la integración del nuevo Órgano de Administración Judicial. Afuera, el mensaje era claro: esto se vota bajo vigilancia.

La sesión fue encabezada por la magistrada presidenta Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, quien dejará el cargo el próximo 30 de agosto. La acompañó una votación sin sorpresas: quedaron designados Diana Cruz Villegas, Antonio Sobrevilla Castillo y Víctor Luis Priego López, tres perfiles cercanos a su grupo. Fue, en apariencia, una jugada de orden institucional. Pero en la práctica fue un albazo administrativo, una de esas decisiones que solo se toman cuando se sabe que el tiempo se acabó.

Porque lo cierto es que el grupo oficialista ya perdió el control del Poder Judicial. En la elección del 1 de junio, solo 2 de 16 candidaturas afines a la gobernadora Rocío Nahle resultaron ganadoras. La más votada fue Rosalba Hernández Hernández, magistrada de raíces indígenas, vinculada al senador Manuel Huerta y al próximo presidente de la SCJN, Hugo Aguilar Ortiz.

Y es aquí donde el gesto de fuerza se convierte en síntoma de debilidad: si aún tuvieran influencia real, no habrían necesitado blindar la sesión con escudos y toletes. No se habría recurrido a la urgencia. Este albazo no fue una muestra de poder, sino un reflejo del miedo a perderlo del todo.

Además, el órgano que se intentó amarrar puede volverse, en poco tiempo, un caballo de Troya institucional. El Órgano de Administración Judicial no solo gestiona recursos y nombramientos: controla el ritmo interno del Poder Judicial. Y aunque hoy sus cinco integrantes parezcan aliados del grupo saliente (ya fue designada la representante del Poder Ejecutivo y la del Legislativo), la verdadera pregunta es si tienen las tablas para sostenerse cuando empiecen las presiones desde más arriba.

¿Podrán resistir cuando la nueva presidenta tome el timón? ¿Cuando el mensaje ya no venga del Ejecutivo estatal, sino desde la Suprema Corte? Dudamos de cuando menos dos. Una joven improvisada, no hace mucho recién egresada; y el otro un joven con reducidas tablas que aún responde a quien lo ascendió a esos niveles. No entienden aún lo que se juegan en estas ligas.

El albazo ya ocurrió. El problema es que su efecto podría ser más simbólico que funcional. Una victoria momentánea que consolida una derrota más profunda. Y en política, nada pesa más que tomar decisiones aceleradas justo cuando se está perdiendo el tablero.

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