En Veracruz, no basta con querer. Tampoco con figurar en la lista corta de los afectos. Menos si se trata de aspirar —o ya operar— en temas de seguridad y justicia. Porque hay una pregunta que no muchos se atreven a hacer, pero que ya ronda los pasillos institucionales y diplomáticos: ¿tienen acreditados sus exámenes de control y confianza?
Nos referimos, claro, a dos personajes que hoy cargan con el reflector (o con la intención de merecerlo): Diego Castañeda Aburto, diputado local de Morena y del círculo cercano a la gobernadora Rocío Nahle, quien suspira por convertirse en fiscal general del estado. Y Ricardo Ahued Bardahuil, secretario de Gobierno, quien cada mañana se sienta en la mesa de Coordinación para la Construcción de Paz como parte del gabinete de seguridad.
Uno aspira. El otro ya está. Pero ninguno ha confirmado —ni desmentido— si cuenta con los filtros obligatorios que exige el cargo: los exámenes de confianza que solo puede aplicar el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), la Fiscalía General de la República (FGR) y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC). No hay otro camino.
Se les olvida —o no lo saben— que esa fue la razón formal por la que cayó Jorge Winckler Ortiz en 2019. Por no acreditar esos controles. Y ya sabemos lo que sigue cuando la institucionalidad se tuerce: escándalo, litigio y desconfianza. Y no cualquier desconfianza: hablamos de la del país vecino del norte, para quien el tema de la confianza es más que una formalidad.
Quizá por eso, la gobernadora Rocío Nahle salió este lunes a respaldar a la fiscal Verónica Hernández Giadáns, recordando que ella sí ha trabajado codo a codo durante siete meses en las mesas de seguridad, todos los días, sin falta.
Mientras tanto, en los círculos políticos locales algunos siguen “sonando” para la Fiscalía como si eso bastara. Otros ya se sientan en las reuniones clave, como si eso fuera suficiente.
Y David Jiménez Rojas, que también quería la Fiscalía, ya encontró su sitio en la SEV. Otro que se baja —por ahora— del tren de los suspirantes. Tal vez ya le hicieron el favor… o simplemente lo reciclaron.
Entonces, ¿y los exámenes, apá?

