Consejo estatal de Morena Veracruz con Rocío Nahle, enero 2026

Tuvieron que pasar casi cuatro semanas para que en Morena alguien dijera —aunque fuera con producción de video y música épica— que la elección del 1 de junio les pasó factura. En el Consejo Estatal Extraordinario de Morena, el partido reconoció por fin, con cifras, que retrocedió en la elección local: de 103 a 83 alcaldías. Veinte menos. En silencio.

La jornada electoral, que renovó las 212 presidencias municipales del estado, fue la primera prueba real del partido en el poder bajo la administración de Rocío Nahle García, y los resultados distaron del discurso eufórico que inundó redes y ruedas de prensa en los días posteriores.

Porque eso sí: tras la elección, lo que sobraron fueron celebraciones, abrazos, arengas por la “continuidad de la transformación”… y un cuidadoso silencio sobre la pérdida de alcaldías, algunas de ellas estratégicas para el control territorial y político de Morena.

Lo interesante no es solo el reconocimiento tardío, sino cómo lo hacen: con un video que dramatiza el crecimiento del movimiento en Veracruz desde 2017 —cuando apenas gobernaban 17 alcaldías— hasta el pico de 103 en 2021, y luego el descenso a 83 en 2025.

El mensaje es claro: perdimos, sí, pero seguimos de pie. Y es una jugada astuta. Cuando el descalabro es evidente, lo peor es negarlo. Lo mejor, convertirlo en combustible político. Es lo que intenta Morena: girar el retroceso en narrativa de resistencia, como si 20 ayuntamientos menos fueran una anécdota menor en la gran marcha de la transformación.

Pero hay algo que no dicen: muchas de esas derrotas no se explican por “la derecha”, ni por campañas sucias, ni por traiciones. Se explican por el desgaste del poder, por alcaldes morenistas que fallaron, por conflictos internos, por la arrogancia de pensar que el pueblo no pasa factura.

En política, lo que no se corrige a tiempo, se pudre. Y Morena en Veracruz no necesita más narrativa, necesita rectificación. El retroceso del 1 de junio no fue un accidente ni una injusticia histórica: fue el resultado de errores concretos, de liderazgos que fallaron, de operadores ausentes, de diputados —federales y locales— que no pudieron sostener ni sus propios distritos. Y también de funcionarios del primer círculo de Rocío Nahle que, en lugar de construir territorio, apostaron a la cómoda trinchera del poder.

La elección municipal fue un espejo, no un bache. Y si en Morena creen que con videos inspiracionales pueden lavarse la cara, no solo subestiman al electorado… también se engañan a sí mismos.

Porque la próxima elección no la va a definir la épica. La va a definir el desencanto.

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