La señora que se creía Presidenta dos años más

Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre será magistrada presidenta del Tribunal Superior de Justicia del Estado hasta el 30 de agosto. Ese día, dejará de ser la “señora presidenta”. Y, a como se ven hoy los números —vaya descalabro—, quizá también dejará de ser magistrada.

Con el cómputo finalizado en 15 de los 27 consejos municipales habilitados para contar los votos de la elección judicial del 1 de junio, la señora Jiménez Aguirre no solo no lidera la contienda: ha sido rebasada, doblada, y hasta triplicada en votos por otra magistrada en competencia: Rosalba Hernández Hernández.

Lisbeth Aurelia Jiménez apostó mal. Confió en sus operadores, panistas reciclados que no conocía antes pero que le vendieron humo como si aún fuera 2004. Uno de ellos: Alfredo Corona Lizárraga, un personajillo de suerte oportunista que brilló por coincidencias —y cercanías con el primer círculo del exgobernador Cuitláhuac García Jiménez—, pero que hoy muestra el cobre.

De nada le sirvió la manipulación estructural, ni violar sus propias reglas para usar a empleados del Poder Judicial en su campaña. La traicionaron quienes montaron con ella lo que le presumían como el ajedrez de la toga.

Dirá que su talón de Aquiles fue el tema de comunicación social. Pero no. Fue su forma de avanzar atropellando. Que lo diga su antecesora, Isabel Inés Romero Cruz, a quien dejó en el olvido apenas pisó la Presidencia del Tribunal. O Joana Marlen Bautista, con la que primero hizo alianzas y después empujo hasta su renuncia desde Palacio de Gobierno.

La empujaron al precipicio quienes la rodeaban y la embelesaban con adulaciones: Daniel Segura, su jefe de agenda, siempre dispuesto al halago servil; David Cardeña, su secretario particular, más conocido por sus coacciones que por su discreción; Gerardo Escobedo García, secretario de Acuerdos del TSJE; Víctor Priego, su par en el Consejo de la Judicatura; Diana Cruz Villegas, la directora de Administración que sin saber, presumía de operar provocando risas detrás de los muros; y Sthy Beenns Baizabal López, el subdirector de Recursos Materiales, a quien habría que seguirle la pista si de encontrar manejos sospechosos se trata. Todos ellos jugaron el juego. Todos ya se van. Y ella, en una de esas, también.

Tan es así que la noche del martes, desde la oficina de Presidencia en el sexto piso del Palacio de Justicia de Veracruz, se ordenó al personal tener todo listo para la entrega y preparar el informe final para el 30 de agosto. Como quien se va, aunque no lo quiera.

En la función pública, como en la vida: el que a hierro…

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