En Comapa ganó el PAN; dan las gracias a los siervos de Cazarín

Si en Comapa ganó el PAN, habrá que agradecerle a un morenista.

No es sarcasmo, es geografía electoral. En los días previos a la elección del domingo pasado, cuatro supuestos Servidores de la Nación fueron retenidos por pobladores que los acusaron de operar electoralmente a favor del PAN. La señalada: Nora Jessica Lagunes Jáuregui, exdiputada local y hoy alcaldesa electa. La conexión incómoda: Juan Javier Gómez Cazarín, delegado de Bienestar, responsable de esos operadores y viejo conocido de la panista. En el nuevo gobierno estatal ya tomaron nota… y no gustó.

Los hechos no se quedaron en el rumor. Hay imágenes, testimonios y publicaciones. Los detenidos —identificados como supuestos empleados federales— fueron entregados a la Guardia Nacional. En Comapa no se hablaba de Morena, sino de cómo los chalecos del Bienestar se movían en favor de la candidata panista. Y nadie, ni desde la Secretaría del Bienestar ni desde el escritorio de Gómez Cazarín, salió a desmentir nada.

¿Por qué habrían de hacerlo? Gómez Cazarín y Nora Lagunes coincidieron en la LXV Legislatura, él como presidente de la Junta de Coordinación Política por Morena; ella como diputada del PAN. Durante tres años caminaron juntos en el Congreso, negociaron, pactaron y tejieron coincidencias políticas.

Hoy, esa historia de pasillos parlamentarios se traduce en una elección municipal ganada con ayuda federal fuera de libreto. Mientras los operadores de Morena trataban de contener la marea en otros municipios, en Comapa la estructura del Bienestar federal parecía trabajar para el bando contrario.

Rocío Nahle, la gobernadora de Veracruz, fue cuestionada el día después de la elección sobre la detención de los Servidores de la Nación en Comapa. Respondió que pidió un informe, que le dijeron que no pasó nada… y se lavó las manos. Pero lo sabe. Y lo sabe bien. Lo que no dijo frente a cámaras, lo escucha en privado: que Cazarín se movió como quiso, que jugó por su cuenta y que rompió el principio más delicado del nuevo sexenio: la lealtad operativa.

La molestia ya llegó al círculo más cercano. José Luis Peña Peña, esposo de la gobernadora, personaje discreto pero con voz firme en decisiones políticas, ha dejado claro que es momento de ponerle límites al delegado de Bienestar. En sus términos: “tumbarle las alas”.

Porque lo de Comapa no es solo una traición política en pequeño. Es una señal de que el morenismo, con déficit en las urnas después de la elección del 1 de junio, aún arrastra operadores con agenda propia, capaces de poner el aparato federal al servicio de viejos acuerdos y amistades legislativas.

Y mientras en la boleta ganó el PAN, en la estructura operativa, alguien más ganó tiempo, influencia… y una llamada de atención desde el poder que apenas comienza.

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