Este 2 de abril era la fecha límite para que los partidos en Veracruz registraran a sus candidatos a las alcaldías. Pero como si se tratara de una tarea escolar mal hecha, el dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, simplemente no cumplió. Le faltaron 11 candidatos. Once. Y eso, en un calendario electoral con meses de anticipación, no es un descuido, es una muestra de incompetencia política.
Y entonces, como si fuera una madre indulgente corrigiendo la tarea del hijo flojo, entra al rescate Marisol Delgadillo Morales, presidenta del OPLE Veracruz. En una sesión “extraordinaria”, el organismo decidió ampliar el plazo hasta el 5 de abril. Todo por “petición de los partidos”, dicen.
Así que la pregunta es obligada: ¿Quién es más cara dura? Esteban, que no pudo ni siquiera cumplirle a su dirigencia nacional con la lista completa de candidaturas. O Marisol, que en lugar de ejercer su papel de árbitro imparcial, parece secretaria del comité estatal morenista.
El argumento del OPLE de garantizar “la equidad” suena a chiste si se considera que la equidad se construye con reglas claras y plazos firmes. Lo contrario es lo que hicieron: flexibilizar la ley a modo, para que al dirigente morenista no le jaloneen las orejas desde la capital del país.
Esteban Ramírez Zepeta vuelve a mostrar su nivel de improvisación: un líder que camina gracias a los amarres, no por sus resultados. Y Marisol Delgadillo Morales, en lugar de encabezar un OPLE con independencia, parece más preocupada por no incomodar al partido en el poder.
¡Y luego se preguntan por qué nadie cree en las instituciones electorales!